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martes, 15 de noviembre de 2011

Reseña de Ruido Blanco (Lustra, 2011) por el poeta Diego Molina Rey de Castro



And now I’ll be at
liberty to enjoy the whole truth in one soul and one body

Arthur Rimbaud


Intentando leer algunos estudios que fusionan lo que es sonido con matemática, se podría decir lo siguiente: el ruido blanco es una señal que contiene todas las frecuencias y todas ellas muestran la misma potencia. Igual como la luz blanca contiene a todos los colores. Por eso el nombre. Es decir, todas las frecuencias, que juntas se hacen ilegibles, pero al unirlas en la misma potencia dan como resultado una sola señal.
Así también, el ruido blanco es el residuo que queda después de extraer toda la redundancia a un proceso estocástico. En suma, cuando un componente caótico, impredecible, o una serie de variables aleatorias «evolucionan» en función a otra variable estable, «generalmente el tiempo». El resultado de eso, en términos estadísticos, es el ruido blanco.
En el mismo sentido, el último poema del libro de Mario Pera se llama «Después del Caos» y sus últimas líneas sentencian la epifanía producida en el ejercicio del libro. Y es que Ruido Blanco de Mario Pera es la «recepción» de todas las frecuencias que percibe la antena del poeta y que van siendo «traducidas» a través de una variable, de una sola potencia: la poesía.
Para el autor, sin la poesía, todos esos «ruidos» externos, internos, aprendidos, familiares, soñados, históricos, deseados, religiosos, etc. son imposibles de aprehender. La palabra le permite a Mario Pera, y/o a su yo poético, coger esos ruidos, esas frecuencias, para encontrar su propia voz, su propia razón de ser. En suma, su propia señal que le dará su sentido en el Mundo. El resultado de esta gran tarea es Ruido Blanco.
Esta urgente necesidad de sintonización con el caos es un punto de inflexión que sucede en varios poetas cuando encuentran, en la poesía, la señal para descubrir su destino. Pero esto obliga a «fundirse» en la suma de todos los ruidos, cuya mejor analogía es el Infierno. Este proceso, que es como la aplicación de la Teoría del Todo a uno mismo, tiene su exponente más simbólico en Una Temporada en el Infierno de Arthur Rimbaud.

Mario Pera en el Infierno
Entonces, permítanme resaltar algunas similitudes y diferencias entre ambos libros. No en el sentido estilístico, ya que la obra de Rimbaud es narrativa, casi teatral, sino más bien en el puro estado del ser y la intensión. Al igual que el escritor francés, Mario Pera ha descendido a sí mismo —como dice Jerónimo Pimentel en la contraportada—, para encontrar si lo que —como ser humano, como escritor— es suficiente para obtener una justificación a la existencia como especie, y a la suya propia. Este libro se confiesa único ante el momento por el que pasa el escritor: «Nunca he escrito sobre esto. Algunas veces apreté mi puño contra la hoja vacía, y todo fue inútil, las palabras se quebraron sobre el papel». Dice Mario Pera en el poema titulado «Se sueltan las amarras».
Vamos desde el principio: mientras esa búsqueda capital le exige a Rimbaud desentrañar a sus ancestros y la historia de Francia, para Mario Pera, el comienzo de esta aventura es más personal, se inicia con sus padres. «Mi madre no se llama María, no es virgen, ni hubiese permitido que me flagelaran, tolerándolo en sosiego». Estos son los primeros versos del primer poema. La imagen de la madre es relativamente recurrente en el libro, ella es el origen de la moral cristiana —la simbología cristiana sí es constante en varios versos— que el poeta siente que traiciona, ya que no es parte de su naturaleza: «el rosario de mi madre, que arde bajo mi almohada». Esto mismo le sucede a Rimbaud con la moral cristiana y, en general, con las directrices de la civilización. Esto le genera un severo cuestionamiento en lo más profundo del infierno. En el caso de Mario Pera, el cuestionamiento se da por momentos muy definidos, como en «Auto de fe» donde confiesa que «extraña la vida», porque sabe que su destino, erguido por su naturaleza, es cercano a la muerte.
Regresando a la vía de su destino, el poeta se reconoce un mal hijo, un agnóstico, un onanista, «yo también soy un traidor —nos dice en “Oración del Clochard Moribundo”—vendí mi nombre, y mi voz la enclaustré eternamente en el llanto de mi madre». Se nos devela entonces, en esta inmersión, en este soliloquio, que el poeta es como Judas, y, aunque posiblemente correrá la misma suerte, decide proseguir su camino.
Pero la analogía del yo poético se da más veces con Cristo, en el sentido de continuar con un destino que, movido por sus convicciones y su naturaleza, tiene un destino fatal. Esto resulta un tanto irónico a primera vista, ya que rechaza la moral cristiana más no a su forjador. Visto con otros ojos, se trata de la intriga de encontrarse con uno mismo y todas sus contradicciones, al igual como le sucede a Rimbaud. Pero el poeta se concibe profeta, «el de la orfandad», pagano y amoral, ése es el abismo que descubre en sí, un abismo ciego, «que fluye por los otros caminos del planeta, hundiendo su tiempo, en el tiempo de lo divino». El aventarse a ese abismo interno es el gran cuestionamiento del escritor y, en donde, como veremos más adelante, se encuentra siempre la poesía.
De ahí viene su identificación con Los Malditos, quienes «cabalgan devotamente, uno tras otro, apretando el carbón de la locura contra su alma». Si bien esta imagen los identificaría con los jinetes del Apocalipsis, lo cierto es que es la «locura blanca» la que los guía, la que atrae al poeta y que se refiere al «maldito trabajo de escribir». Pues la naturaleza terrible que ensalza y que genera tanto dolor al escritor no es su forma de vida, o su moral intrínseca, como sí sería el caso de Rimbaud.
Su grave problema es el haber sido elegido para escribir, para ser poeta. Las consecuencias de ello destilan en el poemario, es por ello que Mario Pera se cuestiona e intenta ser lo más sincero consigo mismo que pueda. Esa es la maldición que acosa al poeta y que, como en Una Temporada en el Infierno, exige dejar la infancia y todo lo aprendido, para poder escribir «un poema como el oro más puro», aunque tenga sabor a desesperanza, pero que, aunque muerto, todavía puede recibir la santidad. Es, en este sacrificio, de muerte de la persona, en la que debe resucitar, más allá del escritor o el yo poético, los poemas en sí. Aquellos que no volverán a su creador.

Epílogo
A manera de conclusión: Mario Pera nos guía, a través de estos poemas, por todos los «ruidos» de su vida, que van siendo canalizados por lo más profundo de la naturaleza del autor, en la búsqueda de una razón de existir que le dé el sentido al Universo. Entonces, la señal que le ha permitido interpretar la realidad es, en sí, la respuesta. El autor encuentra, entonces, que su verdadera labor es la trascendencia a través de la escritura, aunque esto sea, al mismo tiempo, una maldición. Este sacrificio permitirá —como él mismo dice— «Rehacer la fe y la eternidad/ sobre los muros desordenados del Edén».

miércoles, 26 de octubre de 2011

Presentación del poemario "Ruido Blanco" de Mario Pera

La presentación se llevará a cabo en el auditorio del primer piso del ICPNA - sede Miraflores, el jueves 10 de noviembre a las 7:00 pm. Los presentadores serán Diego Molina Rey de Castro y Jerónimo Pimentel. Moderación a cargo de Víctor Ruiz Velazco.

viernes, 21 de enero de 2011

Nota sobre la poesía de Diego Molina Rey de Castro



Reproducimos la nota publicada en el blog: "La comunicación imposible" sobre la obra del poeta peruano Diego Molina Rey de Castro.


Diego Molina Rey de Castro (Arequipa, 1978)

Un espíritu cosmopolita, una voz abierta al mundo que –incansablemente– repite los ecos de lo que sucede en lugares infranqueables por la distancia. Esta es la primera idea que viene luego de leer a Diego Molina, poeta que, influenciado por la vertiente anglosajona y norteamericana de la poesía del siglo XX, muestra un aire muy diferente a lo que la tradición poética peruana de los últimos años ha ido mostrando.

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También, profundamente influenciado por el rock del 60, 70 y 80, vierte en sus poemas un lirismo sucio, propio de poetas (y compositores) como Leonard Cohen o Bob Dylan, seres sueltos en metrópolis gigantescas sintiendo los cambios veloces de la gente, la historia, o la ciudad misma, con intensidad.

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Molina Rey de Castro, en su libro Expresotranceuropeo (Tetramerón, U. de Lima, 2003), compra boleto para un viaje delirante por el Viejo continente, incorporando a su experiencia –cual imán– imágenes grotescas de la sociedad del “Primer mundo”; una revisión rápida por los vicios de los últimos tiempos. Y en Homesick (Lustra editores-Centro Cultural de España, 2008) el poeta, perdido en medio de un carnaval en Washington, elucubra ideas sobre la realidad del mundo en una larga caminata, donde aparecen y desapareen personajes como Kat Powers, John Lennon, Yukio Mishima, Charles Heston o William Borroughs (entre otros). Este último libro, es sin duda, el ejercicio más completo de cosmopolitismo del autor. Pero eso, a pesar de lo que aparenta, nos deja un sabor amargo, una melancolía que trasunta cada uno de sus versos.


(Crédito de la nota: Diego Alonso Sánchez http://lacomunicacionimposible.blogspot.com/2011/01/2.html)

lunes, 3 de mayo de 2010

Reseña del poemario "El pequeño y mugroso pólack" por Diego Molina Rey de Castro


EL LADRÓN QUE SE HA ROBADO TODO:
¿QUIÉN ES “EL PEQUEÑO Y MUGROSO PÓLACK”?

Por Diego Molina Rey de Castro*


Teniendo en consideración el orgullo del poeta, el nombre de este poemario (El pequeño y mugroso pólack, Lustra editores, 2007) es, francamente, temerario. Generalmente, el poeta se siente visionario, un peregrino que busca y busca la verdad, la belleza, la realidad de uno mismo, de la poesía misma, de lo que sea. El poeta tiende a referirse a sí mismo de muchas formas; pero, como “pequeño” y “mugroso”, difícilmente. Se requiere agallas, hay que reconocerlo. ¿Qué busca uno al escribir el nombre de un libro, momento alucinado del escritor, en el cual la autoreferencia es tan peyorativa? Para Bruno Pólack (Lima, 1978) significa decir lo que uno realmente es como poeta. Cuando uno se involucra con el asunto este de forma cabal claro está.

"El pequeño y mugroso pólack" no tiene ningún respeto por el propio Bruno ni por los personajes de su poemario, ni por Franz Liszt (ni su obra) ni por nadie. Este alter ego, o, mejor dicho, este yo poético que vive dentro de Bruno toma por asalto pedazos de la vida de su creador, de historias lejanas de compositores, de inmigrantes muertos o de lo que sea que se encuentre en su camino. Una manera de asirse de todo lo que inspira, más allá de las limitaciones. Pólack encuentra así, a través de la poesía, una nueva realidad, una nueva vida. Ya no es tanto sobre si Bruno sintió o vio esto o aquello. El “pequeño y mugroso” se encarga de tomar todo lo vivido y confundirlo con otras vidas y asuntos, sin respeto alguno ni formalismos como la “intertextualidad” para tejer una nueva existencia de donde surge toda esta poesía.


La (re)invención de la soledad

“En cierto modo/ es más hermoso ver el mar que/ estar en él.” Así culmina el poema Origen. Este verso puede resumir la frustración de Pólack que tiene frente a sí una serie de situaciones que no puede aprehender, ni estar inmerso. Observa lo que sucede a su alrededor y, tratando de corromper la frustrante distancia, por medio de la poesía, se apropia de la imagen, de los hechos y recrea un nuevo mundo. En L´artison de son prope malheur, que podría denominarse como “poema estilo policial” se origina de un cadáver recogido por la policía en un río. Desde ese cuerpo, se desenvuelve toda una historia entre el escritor y el muerto –probablemente un inmigrante llamado Rachid– una historia pasional, en la cual, inclusive hay un personaje llamado Bruno. La ubicación es europea, lo más probable. El pequeño y mugroso se apropia y alucina la vida y las historias de sus héroes, no las observa como quien ve al mar, las origina y las vive. Las fronteras de lo real y lo imaginario, en su poesía, caen para crear un libro donde el resultado en sí mismo es la nueva verdad, la esperada, la deseada, la que hubiera sido posible en otros contextos.

Así, la imposibilidad de asirse a las cosas que rodean al poeta, de aprehender las emociones y los sucesos requieren de una voz que lo hace sin compasión. El yo poético convive con el autor y le da “sentido” al mundo, a un mundo extraño que requiere de la invención para lograr capturarlo. La realidad, las dimensiones (tiempo y espacio) son adquiridas por el yo poético con la libertad que no tiene el poeta en sus limitaciones físicas. La lucidez del escritor requiere de la locura de la cual es dueño el pequeño y mugroso. La poesía en este sentido, necesita esta actitud que adquiere los elementos como propios para crear y recrear.

De esta manera, hasta los poemas más personales de este libro muestran la intensión de estar totalmente en la emoción, en la sensación, por lo cual se requiere a alguien más dentro de uno mismo para poder entender y adquirir. Ya no con sentido de los real o búsqueda de una verdad que quizás no existe o que quizás es imposible de conocer con integralidad. El pequeño y mugroso debe hacerse cargo de este sucio trabajo y hacerlo como pueda en función a lo que está dentro y fuera de Bruno.

Las emociones, lo que se observa y lo que hace son las herramientas de trabajo de este yo poético que debe recrearlo todo en algo que tenga sentido. El escritor, tiene una serie de limitaciones como lo físico, la educación, la ley (Bruno estudió Derecho), etc. En cambio, el mugroso puede traspasar todo esto e interpretarlo con la indecencia y la impunidad que puede ser “delincuencial” para el yo de la persona que, a su vez, no puede contener a esa voz. Que, al mismo tiempo, necesita de aquél para poder intentar, en lo que dura un poema, aprehender los sucesos y traducirlos en poesía escrita. Esa voz mugrosa permite, al fin y al cabo, la sanidad del propio escritor. El mugroso, igual, contiene los deseos e ilusiones de Bruno, pero los resuelve con una libertad que no tiene el segundo, pudiendo, incluso, extrapolar todo ese universo del mismo.


La ley del deseo
Volviendo a los poemas, encontramos en algunos de ellos versos desprendidos y entristecidos por la imposibilidad de la fusión con la persona a quien están dedicados, pero, a la vez, sin esconder la intensión de entregarlo todo. Aquí retorna el estilo que caracterizó a Bruno en (Alegorías hiperbólicas) o Las ruedas del beso de Reinaldo Arenas. Ese es el caso de Muchacho mordido por un lagarto, en el cual, con guiños a César Moro, el autor intenta mostrar, o entregar, aquello que le es imposible: “Adentro/ frente a ti. Hermoso el mar se levanta por ratos/ como una serpiente encantada.” Lo mismo sucede en el poema prêt à porter: “donde el estribor de mi voz,/ no fue suficiente canto para ti/ ni para nadie.” Con la misma actitud melancólica pero más introspectiva, sin objeto otro que la existencia del autor mismo, que se diferencia de aquellos poemas con toques helénicos y de otras influencias donde lo importante habita afuera, se encuentra en poemas como A bajeles:

Esto no ha pasado desadvertido
y
año tras año, para felicidad de los míos
se me sigue encomendado las mismas pequeñas labores/
por las cuales incluso,
pasada la “insensatez” de la adolescencia,
he llegado a guardar abierto cariño.

De esta manera, el autor retorna al estilo de Alegorías (poemario publicado en el 2004). A veces con los mismos encantos, a veces ya con un tono más personal y existencial como en el caso del soneto (Bruno no esconde su gusto por este estilo de origen italiano ni por poetas de la misma nacionalidad como Cesare Pavese o Cecco Angiolieri) Las ínfulas extrañas. Aquí la voz, es retomada con aquella cierta “dulzura” de Alegorías pero también con una actitud de mayor enfrentamiento, abriendo paso a los asuntos más biográficos, como en los versos mostrados, o como el siguiente: “asir la sangre desdoblada en la noria/ difícilmente levantar mi ofrenda en entrega:/ castigando al parricida, con no menos que la gloria.”

Una novedad que encontramos en este poemario es la pasión del autor por la mitología griega. Este es un terreno peligroso, considerando la audacia y erudición con la que ha sido recorrido por autores como Ezra Pound o Kavafis. Pero lo cierto es que el pequeños y mugroso no se amilana y aparecen los dioses y semidioses con una soltura que aporta a los poemas: Perséfone, Aquiles y Patroclo, se inscriben en el mundo personal del autor, con una naturalidad que los hace tan objetos poéticos como el mar o el río. Sin embargo, el autor tiene un producto más logrado cuando refiere a la historia de Odiseo, fusionando su propia historia con la de Ulises. Siendo que este poemario tiene sensación de viaje, especialmente por Europa, la visión de Lima como lo más referente a aquella isla de eterna búsqueda se presta a que el autor de la dirección de la misma: “Detenerse en Ítaca, por una tarde, a seguir pensando en Lima./ Piensa: al cruzar la calle, el malecón. A 200 metros, el mar.” En una entrevista, Bruno Pólack se refiere al mundo helénico como “(un) mundo tan rico, ineludible para nosotros, de donde salen, entre otras mentiras: la poesía y la religión.”

En suma, El pequeño y mugroso pólack es uno de los mejores poemarios aparecidos en nuestro país en el 2007. El autor retoma el estilo de su libro anterior pero le inflama una serie de nuevas influencias y actitudes personales que hacen mucho más rico su mundo y sus temas. Aquél mundo que el pequeño y mugroso toma para sí (lo hace desde el autor y para el autor) con una facilidad que le dan originalidad a la obra con una entrega total –y personal– a la poesía que empieza en el propio título de la misma y que recorre con gran frescura los poemas hasta su brillante final: “estas palabras son la ruptura del silencio/ que en buena hora/ volvemos a recobrar.” Este poemario, pasa, así, a ser, con éxito, parte de la obra total de Bruno Pólack, que empieza con las Alegorías y de quien esperamos su próximo poemario con mugriento, mas no pequeño, interés.



* Fue co-editor de las revistas Fornix y Evohé. Ha publicado poesía en varias revistas como Ajos y Zafiros, también en Portugal y Alemania. Asimismo, fue miembro del comité editorial de la revista Ideele. En el 2004 publicó el poemario Expresotranseuropeo en la compilación denominada Tetramerón.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Entrevista a Diego Molina Rey de Castro, respecto a su poemario "Homesick"


Reproducimos la entrevista efectuada por el poeta Paul Guillén a Diego Molina Rey de Castro el día 26/02/2009, en relación a su último poemario titulado Homesick, integrante de la Colección Piedra/Sangre muestra poética del 2000, co-editado por Lustra editores y el CCE.


Entrevista a Diego Molina Rey de Castro sobre Homesick

1. ¿Pasados ya varios años de esta década, como ves tú el avance de esta generación?
Creo que se puede hablar de un avance clarísimo de la mayoría de los representantes de la generación. En este asunto de la poesía, donde muchos se quedan en el camino, todos los que yo conozco de la generación han seguido adelante con una clara evolución respecto a la sofisticación de las influencias, de las temáticas y de las formas de expresión.

2. ¿Crees que se puede hablar de una generación?
Creo que no se puede buscar que absolutamente todos los poetas de la generación piensen igual o tengan exactamente las mismas influencias; es decir, no se necesita un manifiesto escrito y público para poder hablar de una generación.

En este caso, la generación del 2000, en base a una serie de conversaciones con varios de ellos, tenemos ideas, experiencias e influencias generales comunes. Ezra Pound, T.S. Eliot, Eielson son, a mi parecer, influencias más o menos para todos. Quizás también Rilke, Celan, Watanabe, Homero y una general adoración por Kafka. En oposición, creo que hay un sentido común de no intentar ser Vallejo ni Neruda, ni imitar a pasadas generaciones de la buena tradición poética peruana. Todos tenemos un enorme respeto por el proceso creativo poético y conciencia de la enorme importancia de la poesía a pesar de lo difícil de su “publicidad”; así como la identificación de todo lo que cada uno escribe como una obra totalizadora personal y no como una serie de libritos independientes.

Finalmente, otro factor en común importante es que, aunque no conozco personalmente a todos, nos llevamos bastante bien, no hay resentimientos ni antagonismos ni nada por el estilo, nos tenemos mucho respeto ante la sensación de “estar todos en el mismo barco”.

Por todo esto, la generación del 2000 existe, y todo lo que vemos ahora es solo el comienzo.

3. ¿Crees que se está consolidando algo luego de un inicio tan disgregado? Recuerdas las épocas de los grupos en las universidades en los primeros años del 2000?: Sociedad elefante, Colmena, El club de la serpiente…
La verdad es que se nos ocurrieron nombres muy graciosos para poder integrarnos en grupos. Lo digo como uno de los miembros del Tetramerón o del “grupo de la U de Lima”. Creo que los grupos sirven para unificar esfuerzos en un medio tan difícil, sobretodo cuando uno recién comienza. También un cierto sentido de vanguardia quizás. Luego cada uno tiene que brillar con su propia luz y, precisamente, eso lo que está sucediendo ahora. Aunque uno mantiene la amistad y la admiración con los demás del “equipo” original. Por ejemplo, antes de publicar, mis poemas tienen que tener el visto bueno de los “Tetramerones”, para mí eso es muy importante porque tenemos diferentes estilos pero la misma base de donde partimos.

La colección Piedra/Sangre de Lustra editores va a mostrar esa clara consolidación, no solo de cada uno de los representantes de la generación, sino de algunos factores comunes de los que comentaba en la pregunta anterior.

4. A la luz de la pronta publicación de la colección Piedra/Sangre, ¿Cuál crees que será el aporte de esta muestra?
Creo que este esfuerzo no tiene similar en el Perú ni en ningún otro país. Por sí mismo, es ya un aporte de originalidad y de ingenio. Otro aporte será mostrar en el Perú una generación joven de poetas, pero consolidada y con buena dirección. Creo que la colección va a llegar a otros países también, como España y Chile, lo cual sería un intento de internacionalización de las obras de esta generación.

En lo personal, me ha ayudado a conocer más a otros miembros de la generación y a leerlos con mayor intensidad. Aunque actualmente vivo fuera del Perú, hace algunas semanas pude reunirme con varios de ellos y ver que esta colección nos está uniendo y nos está impulsando a continuar en este difícil oficio del arte por el arte, o la poesía por la poesía, sin importar su poco o cero valor “utilitario”.

5. Cuéntanos un poco de Homesick, tu segundo libro que saldrá en la colección Piedra/Sangre.
Homesick es el resultado de mi vida en Washington D.C.. Lo empecé a escribir el día de Carnaval del 2005 y lo concluí hace un mes. Yo fui, por muchos años, organizador del Carnaval en una playa en Arequipa y el hecho de estar tan lejos y sentir el contraste, en plena nieve (o nevada), desencadenó una serie de sensaciones que, azuzadas por el alcohol y la música, produjo esta especie de “catarsis” que se tradujo en el poemario. Homesick es, por un lado, el diario de un inmigrante, por otro, un homenaje a los escritores y músicos norteamericanos que tanto admiro. Ahí están Bob Dylan, Leonard Cohen, Johnny Cash, Allen Ginsberg, Harper Lee, Whitman, Arcade Fire, por mencionar algunos. Mi intención es que fuese una especie de road movie, un poco a lo Kerouac, de rápida cadencia, con unidad, pero con mucha reflexión y “voces” diversas.

6. ¿Crees que Homesick es como una segunda parte de tu libro anterior?
Es cierto que tienen conexiones, pero el poemario anterior, Expresotranceuropeo, tenía la sensación de viaje, de interiorización de lo que veía alrededor, el aspecto de estar todo el tiempo en el tren es parte importante del mismo. Pero ese poemario tenía intenciones de profundizar en la historia europea al mismo tiempo que construía un universo personal. Es el “ida y regreso” de un viajero. Homesick, por su lado, es el estar viviendo en Estados Unidos, es un libro mucho más personal. Hay experiencias en Homesick que me sucedieron tal como se describen en el poemario (en un intento de mostrar “instantes decisivos”). En temas de forma, el Expresotranceuropeo está más ligado a la vanguardia latinoamericana, a los modernistas austriacos, checos y alemanes y a Eielson. Homesick tiene influencias mucho más diversas además de más “voces” internas, y, creo yo, es un libro más maduro, en el buen sentido de la palabra.

7. ¿Qué publicación anterior al Expresotranceuropeo crees que vale mencionar?
Antes de ese poemario, que salió publicado en el Tetramerón, publiqué en una serie de revistas. Pero si hay algo que vale la pena mencionar, al menos para mí, es un poemario de haikus que salió en la revista Evohé que se llamaba Ideogramas de la esencia. Aquí tengo que reconocer que el nombre ya no me gusta del todo. Es el producto de una época en la que estaba muy metido en el budismo Zen y en la poesía japonesa, china y coreana. Pero mis haikus no intentan imitar esa tradición, al menos en la temática. Es un intento contrario: mostrar otra realidad, menos “iluminada”, más contemporánea, y hasta con danzantes de tijeras, piscinas y otros elementos, aunque siempre con el sentido de contemplación Zen y la ruptura de una obligatoria racionalidad.


(Crédito de la entrevista:

"Homesick" de Diego Molina Rey de Castro


Homesick, último poemario de Diego Molina Rey de Castro, poemario integrante de la Colección Piedra/Sangre muestra poética del 2000, publicada en co-edición por Lustra editores y el CCE.


Arcade fire suena en el Ipod mientras estamos dentro de una vorágine de nostalgia por la primera tierra y por un espacio entre la multitud que espera el verde del crucero peatonal.

Homesick nos hace olvidar el bullicio de las calles para internarnos en el estruendo de las voces que nos sitúan en el cuerpo del poeta frente a sus circunstancias: el inicio del Carnaval, las calles "poderosas" de Washington, la tradición musical estadounidense, los clásicos, las personas fantásticas con las que se entabla relaciones y, por supuesto, el recuerdo de la apacible ciudad infantil.

Sin duda la visión de las cosas de Diego es aguda y diferente, su prosa alcanza puntos de increíble lucidez y nos interna de inicio a fin en el encuadre de una "road movie" y nos demuestra que la poesía evoluciona y que se puede hacer de una excelente factura.

Sin duda Diego Molina Rey de Castro, con Homesick, se alza como una de las figuras más versátiles y sorprendentes de la novísima generación de poetas peruanos.

(escrito por Bruno Polack)

jueves, 17 de septiembre de 2009

Presentación de la Colección Piedra/Sangre en la FIL '09

(En la foto: los poetas de la Colección)

La Colección Piedra/Sangre muestra poética del 2000, volvió a hacerse presente en la escena literaria nacional, al ser presentada por el reconocido poeta peruano Rodolfo Hinostroza, en la Feria Internacional del Libro de Lima, celebrada en los meses de Julio-Agosto del presente año.

La cita se dio el día 03 de Agosto a las 7:00 p.m., en el Auditorio principal Ricardo Palma, siendo organizada por Lustra editores; donde además de la presentación ya indicada, hubo ocasión de realizar un singular recital, a cargo algunos de los poetas cuyas obras fueron parte de la Colección. Entre los poetas participantes estuvieron: Pedro Favarón, Paul Guillén, Arianna Castañeda, Luis Cruz Álvarez, Diego Lazarte, Navale Quiroz y Víctor Ruiz Velazco.
 

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