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miércoles, 23 de septiembre de 2009

Nota sobre "Memorial de Casa Grande", de Rodolfo Hinostroza por Fernando de Diego


Reproducimos aquí la nota que sobre el poemario Memorial de Casa Grande de Rodolfo Hinostroza, efectuó el reconocido Fernando de Diego, publicada en la página web "Poesía-sexo-marihuana" el año 2006.


Memorial de Casa Grande (2005) de Rodolfo Hinostroza

Memorial de Casa Grande (2005), último poemario de Rodolfo Hinostroza después de unos años de silencio poético, nos invita a la reflexión sobre la identidad peruana. La voz lírica, homónima del autor, se sumerge en el árbol genealógico de la familia Hinostroza para ir exponiendo, desde el primer poema “Los tíos de Huaraz”, el recorrido de una familia que anclada en sus orígenes en el fundo de Huaraz y “constructores de la legendaria ruta a Quincemil”, se desperdiga por la amplia mesocracia burguesa de la ciudad de Lima: “Tomaron casa pues en La Victoria/ Que era el nuevo distrito mesocrático/ De tiempos de Leguía...”. El Memorial se compone de dos grandes movimientos en los que se expone sucesivamente, a forma de crónica, la vida de la familia y la del propio autor. El poema final “Con el sol en los órganos” sirve de anclaje con la realidad inmediata y constituye una reflexión sobre el presente y el futuro de la voz poética.

Desde “Los tíos de Huaraz”, el poema más extenso del libro, y “Las bodas de la tía Luchita”, se nos expone no sólo el recuento de los avatares de la familia Hinostroza sino que en filigrana van inscribiéndose en el discurso los recuerdos y alusiones de la voz poética, que creo se puede identificar sin temor a equivocarnos con la del propio autor. En “Los tíos de Huaraz” se rememora la perdida Edad de Oro en el fundo familiar, se recuerda el contexto cultural que rodeaba aquel mundo desaparecido mediante la enumeración de la música que escuchaban. El problema de la migración se plantea como una pérdida sucesiva de la identidad. Lima representa no sólo la pérdida de poder económico sino al mismo tiempo la aparición de otros fenómenos producto del medio urbano. Quizás sea la música evocada la que nos muestre esta evolución. Del Bel Canto de Huaraz se pasa al bolero de María Grever, y la incidencia de la música cubana, con Celia Cruz como representante principal. La violencia de género también se menciona aunque brevemente en relación con la vida de su tía Berta. Pero acaso lo más interesante de esta parte final del primer poema sea la rememoración de una Lima, acaso perdida, centrada en torno al barrio de Barranco. El discurso de Hinostroza en este poema adquiere carácter épico dejando de lado las características esenciales de su poesía anterior. El desencanto y el compromiso político presentes en Consejero del lobo, dejan su lugar a una introspección en la que el yo lírico se oculta tras la tercera persona del cronista de Memorial. Las prédicas pacifista y libertaria de las que nos hablaba J.A. Mazzotti¹ al estudiar Consejero se han desplazado a un diálogo con un pasado asumido en el que los registros coloquiales describen prácticas culturales y ritos sociales de una familia venida a menos en la Lima de la década de los 40.

En “Las bodas de tía Luchita”, segundo poema de Memorial, encontramos el origen de la pasión de Hinostroza por la gastronomía. Las referencias a la pintura prerrafaelita para describirla se acompañan de la descripción del origen multicultural de la cocina peruana como marca de identidad nacional. El papel de la mujer en dicha sociedad se define irónicamente por la “venta” de Luchita a cambio del pago de las deudas paternas. Hinostroza recurre al corrido mexicano para describir al macho encarnado por su tío Augusto. En este poemas también encontramos referencia a otro personaje teatral de su propia obra, el Hermano Iván de Cuadrando el círculo, obra inédita del autor. De forma indirecta y mediante la intertextualización de su propia obra, procedimiento caro a Hinostroza, la astrología se inserta como elemento menor en el poemario, tema ya desarrollado fundamentalmente en Contra Natura.

En los dos poemas que le siguen: “Los hijos de Clausen” y “Los huesos de mi padre”, el poeta focaliza el objeto de su discurso en su entorno más cercano. El paraíso perdido de Huaraz se remplaza, en el primero de ellos, por el inalcanzable de los Estados Unidos de América. De la Casa Grande hemos pasado a la Casa Chica. El poeta desvela sin ningún pudor la historia de la familia de su madre y del matrimonio de sus padres. El mundo referencial que se intertextualiza en este poema es deudor del mundo cinematográfico. Hinostroza expone el otro lado de la medalla de la estructura social peruana, la historia de lo “otro”, de los “otros”, de los miembros de las “casas chicas”, representada por todas las familias cuyo origen hay que buscarlo fuera del linaje bendito por la Iglesia o el Estado. “Los huesos de mi padre”, poema que por primera vez aparece con un epígrafe de Javier Heraud², es un homenaje a la figura paterna, de la que ya nos habló en los poemas anteriores, a su vida y a su obra poética. Las referencias literarias a Jorge Manrique presentes en el poema sirven de entramado al dolor ya anunciado en los versos de Heraud, la temática de la fugacidad de la vida y del anonimato del poeta sin éxito completan el poema. El poemario concluye con una reflexión sobre la muerte y una elegía a la vida marcada por los últimos versos y la imagen del sol como compañero de la experiencia de lo vivido.

A modo de conclusión, podemos señalar que la palabra del lenguaje poético de Hinostroza abandona en este poemario “la honda y compleja oscuridad [...] su entraña visionaria y onírica” de la que nos hablaba González Vigil³, para exponer en forma de memorial sus recuerdos y vivencias. Se abandona el lenguaje poético cargado de metáforas y referencias a los clásicos ingleses y de lengua castellana, su afecto por la astrología y la cita erudita, sus reflexiones sobre el ajedrez para recurrir a un lenguaje descarnado de figuras retóricas pero cargado de referentes de la cultura popular, que fluye a lo largo de sus versos y describe su historia familiar que nos recuerdan los últimos versos de “Nudo borromeo”:

“Y en un delirio de provisiones y de ropa limpia
Olorosa a lavanda
Viajas en tus palabras
Y tus palabras viajan.”

¹José Antonio Mazzotti y Miguel Ángel Zapata. El bosque de los huesos. Antología de la nueva poesía peruana 1963-1993. México: El Tucán de Virginia, 1995.
²Este poema apareció con anterioridad (sin el mencionado epígrafe) en la revista Quehacer 114 (Lima: julio-agosto 1998: 90-93), y en el volumen Yacana. Antología poética. 51 poetas (Lima: Librería Internacional del Perú, agosto 2005, pp. 93-96).
³González Vigil, Ricardo. “Presentación”. Consejero del lobo de Rodolfo Hinostroza. Lima: Tixi Producciones, 2003.


(Crédito de la nota: Fernando de Diego Pérez.
(Crédito de la fotografía:

Entrevista a Rodolfo Hinostroza sobre el poemario "Memorial de Casa Grande"


Reproducimos la entrevista que hiciera Paolo de Lima a Rodolfo Hinostroza sobre el poemario Memorial de Casa Grande, publicada en la página web de "Agenciaperu.com".


Rodolfo Hinostroza: "Nos estábamos olvidando que la poesía es emoción, y estos poemas nos lo recuerdan".

Rodolfo Hinostroza (Huaraz, 1941) es considerado uno de los mejores poetas hispanoamericanos de la generación del 60. Ahí están sus fundamentales obras Consejero del Lobo (1965), Contranatura (1971), Poemas Reunidos (1986). En 1987 ganó el premio internacional de cuento “Juan Rulfo”, otorgado en París por Radio Francesa Internacional con el relato “El Benefactor”. La siguiente entrevista gira en torno a Memorial de Casa Grande, tercer poemario suyo después de 34 años y que acaba de publicar Lustra editores.

Una primera pregunta de corte estrictamente técnico, literario. ¿Cómo así es poesía esta escritura de versos narrativos?

Es poesía porque transmite emoción, pensamiento y ritmo, con unas imágenes visuales aquí y allá, y un manejo dramatúrgico de la acción, los personajes, los decorados, los clímax y anticlímax, la secuencia verbal. No es la primera vez que empleo el verso dramático, lo he hecho ya en mi teatro, tanto en Apocalipsis de una Noche de Verano como en Waman Poma que acabo de publicar en México. Yo no llamaría narrativos a mis poemas, sino más bien dramáticos porque están sustentados en una emoción capaz de hacerte estallar en lágrimas, como suele ocurrir con “Los Huesos de mi Padre”. Nos estábamos olvidando que la poesía es emoción, y estos poemas nos lo recuerdan.

En un ensayo que escribí en 1999 en relación a la recepción crítica a tu poesía, terminaba señalando que “los múltiples niveles de significación [de tu obra poética] la diferencian nítidamente del didactismo politizante de buena parte de la poesía de otros autores, así como del registro eminentemente coloquialista que ha sufrido, junto con el general distanciamiento respecto de los paradigmas de la modernidad, su propio deterioro”. Y ahora, mira tú, nos presentas, después de 34 años, este poemario eminentemente narrativo y coloquial. ¿Por qué?
Porque no es ni narrativo ni coloquial, es dramático. Cada poema se monta un poquito sobre el otro, se traslapa un poco sobre el otro, como esa sintaxis de Tarantino en Pulp Fiction por ejemplo, y la pareja de mis padres es vista en varias diferentes perspectivas, juntos y separados, antes y después. Es un modo diríamos caleidoscópico de contar una historia de familia que termina en el Cielo, e involucra una reflexión sobre la muerte, que se hace más patente a medida que el poemario avanza, para terminar sobre una elegía a la muerte de mi padre, y una reflexión metafísica sobre la muerte a partir de un genoma moche.

La expresión de los temas que tienen que ver con tus antecesores familiares se da de una manera descarnada. Sin embargo, se podría decir que no hay atisbos de enfado o rencor (salvo contra algunos parientes muy puntuales). Más bien, los remates de los poemas suelen darse desde un presente feliz, por así decirlo. En “Los tíos de Huaraz” acabas mencionando el último vestigio de Casa Grande, un vitral del comedor ahora en manos de tus primos Vega Rizo-Patrón en su hostal cercano a unos baños termales a la salida de Huaraz. Dices: “Este verano a ver si la visito / Con Ingrid y mis hijos”. En “Los huesos de mi padre” terminas hablando del “amor desgraciado” de tus padres que, como señalas en el verso final, “sin embargo dio maravillosos frutos” refiriéndote a ti y a tu hermana Gloria. Los verso finales del libro son extraordinarios y van en esta misma línea: “Y me paseo con el sol al hombro / En virtud de los hechos conocidos”. ¿Podrías comentar esto?
Siempre he tratado a los primeros y a los últimos versos de mis poemas, como si fueran el aperitivo y el café, y he tratado de que sean perfectos, sobre todo los últimos, porque los primeros te los dicta Apolo en un arranque de inspiración de esos que no te los creen ni tus admiradores más cercanos. Y al primer verso no se le mira el diente, porque es el que te abre la puerta del poema.

En el poema más antiguo del conjunto, “Los huesos de mi padre”, el único publicado con anterioridad (en 1998 en la revista Quehacer), ya se da el tono que finalmente adoptó el libro. Por esos mismos años habías publicado también el poema “Con una camioneta llena de chicos soñolientos” (en el primer número de la revista Hipocampo de oro, de noviembre de 1997), donde el tono es el mismo. Otro aspecto en este poema en relación con Memorial es lo que te señalaba en la pregunta anterior: la felicidad que “roza con sus alas” a ti y a tu familia de regreso a casa una tarde de domingo. En este poema concluyes dando cuenta de cómo tus hijos “crecen implacablemente [/] con huellas de divinidad en las narices” con lo cual tu vida “se llena de sentido”. ¿Estás de acuerdo?
Sí, claro, el tono ya estaba dado y faltaba usarlo un poco más, darle más desenvoltura. Si te fijas bien en la pieza que acabo de publicar, Waman Poma, el mismo tono está también allí, porque es escrita en verso, y es lo que antecede apenas de un par de años a los poemas de Casa Grande.

Unos versos de Memorial dicen: “Los Hinostroza de Huaraz nos hemos pues fundido / En el ancho río de la Clase Media / Que nos abrió los brazos generosamente, / Como a todos los desamparados de este mundo, / Los que vienen de abajo y los que caen de arriba”. En relación con la clase media, ya en 1989 en una entrevista que te hiciera Cesáreo Martínez para La República expresabas lo siguiente: “Aunque parezca mentira, vemos que a partir de mayo del 68 y todos los años posteriores, la clase media es la que plantea alternativas de poder no sólo en el Perú sino en el mundo [...] Creo que al mundo contemporáneo le conviene que domine la clase media”. Aunque tu posición es clara, ¿puedes desarrollar este tema?
También lo dije en “El Muro de Berlín” y es la lejana referencia ideológica que enmarca este cuento y desliza esa misma pregunta subliminal: ¿Quién derribó el Muro de Berlín? Fuenteovejuna señor. ¿Y quién es Fuenteovejuna? La Clase Media pues, la clase inexistente, negada por Marx y Lenin, reclutada por Stalin, y nomenclaturizada por Malenkhov y Jhrushev, que terminó royendo el Imperio Soviético desde sus bases, y derribó el Muro de Berlín. Y yo creo que si una clase social es tan poderosa como para derribar al Imperio comunista, no tardará en hacer lo propio con el Imperio capitalista, para fundar una sociedad regida por la Clase Media, que de todos modos es ya mayoritaria en el mundo.

En su reseña al libro, Ricardo González Vigil señala en relación al poema final “Con el sol en los órganos” que la naturaleza es “vista desde un ángulo distinto al contestatario [poemario] Contra Natura : Un Con-y-según-Natura”. ¿Qué opinas de esta lectura?
No, discrepo con esa interpretación, porque una reconciliación con sus raíces, explícita en el libro, no significa ir a un ordenamiento conservador. Además ese poema habla, como todos los de este grupo, de la muerte en diversos enfoques, lo que constituye uno de los epicentros del poemario.

En este mismo poema (“una reflexión sobre la muerte y una elegía a la vida”, como señala Fernando de Diego en la presentación) expresas lo siguiente: “Por eso es que se guarda el polvo en cementerios / Como una colección de frascos de botica / Por eso no me cremen cuando muera / No sea que me traigan un día de regreso / Estos humanos locos”. ¿Qué hay de este tema?
Es la resurrección científica, huxeliana, que sin duda nos acecha en algún laboratorio con todo este asunto del genoma humano. Estos humanos locos debía estar en brasileño…

En relación a la filosofía del libro, quiero mencionarte unos versos. En “Los tíos de Huaraz” dices: “Pero siempre nacen más de los que mueren / Y es ésta la estrategia de la vida / Que será siempre mas grande que la muerte / Aunque sólo sea porque corre más rápido”. Y en el poema “Con el sol en los órganos” expresas algo parecido: “La vida es siempre más: sus estrategias / Son más inteligentes que la muerte / Que sólo sabe hacer de diferencias polvo / Indistinguible”. Esa “toma de posición y concepción del mundo” que significa volver a la Casa Grande , como señala Víctor Ruiz Velazco en el epílogo, y que tiene que ver con “una decisión tomada por un valor ético fundamental en la aceptación y regocijo de la propia identidad”, como escribe el propio Ruiz, ¿se amplía a la propia vida en sí? ¿Cuál ha sido el trayecto que dio como resultado esta filosofía?
Bueno esta filosofía me parece sencilla y concluyente si te pones a pensar que después de todas las gigantescas guerras, pestes, hambrunas y catástrofes que han asolado a la humanidad, hemos llegado a la cifra record de 6 mil millones de seres humanos. Y seguimos creciendo.

Una pregunta final. Hay un poema tuyo que publicaste en la revista “Juego de hojas” de México y cuyo lenguaje estaría entre el de Consejero del lobo y el de Contra Natura . ¿Puedes hablar un poco de este texto?
Si mal no recuerdo ese poema, “El que regresa”, lo escribí en La Habana a fines de 1963, cuando me aprestaba a regresar al Perú al cabo de casi 2 años de ausencia, y me preguntaba cosas. Manuel Mejía Valera, un amigo de Gonzalo Rose, me lo pidió a mi paso por México, para esa revista “Juego de Hojas” que luego apareció. Nunca le he dado mucha importancia a este poema, y creo que por eso lo he excluido de mis antologías, como lo hice con otro que se llama “Rito de Purificación” que salió en Los Nuevos.

¿Quisieras añadir algo en particular?
Por ahí ha estado corriendo la especie de que los poemas de Casa Grande los tenía escritos de antes de Consejero del Lobo, lo cual es una barbaridad, porque hace 34 años no se hablaba de ADN o de Genoma Humano. Los he escrito en el mes de octubre, en cosa de dos semanas y lo he publicado apenas un mes y pico después.

Y para terminar, algo que no deja de irritarme es que un cierto Marco Aurelio Denegri, que se dice sexólogo y tiene un programa en la TV peruana, se permite decir que en mi libro no hay poesía y que sólo podría interesar a mi familia. Si a un crítico literario no le gusta mi libro, vaya y pase. Pero un paramédico no tiene por qué opinar de poesía: si su ejemplo prospera, pronto los urólogos, los ginecólogos, los estomatólogos, los peluqueros y las manicuras van a venir a decirnos lo que es poesía y lo que no es poesía. ¿Qué sabe el burro de alfajores? ¿En qué se mete ese maquisapa, que no sabe distinguir un poema de una coliflor? Zapatero, a tus zapatos.


(Crédito de la nota y fotografía:

Nota sobre Rodolfo Hinostroza por su tercer poemario "Memorial de Casa Grande"


Reproducimos la nota que efectuó el periodista Javier Ágreda sobre el poeta peruano Rodolfo Hinostroza, publicada en el Diario "La República" el día 14/01/2006.

Memorial de Casa Grande

Más de 30 años después de la publicación de su último poemario -Contra natura (1971)-Rodolfo Hinostroza nos entrega en Memorial de Casa Grande (Lustra editores, 2005) un conjunto de cinco poemas que narran la historia de las más recientes generaciones de su familia. La de sus ancashinos tíos-abuelos paternos en "Los tíos de Huaraz" y "Las bodas de la tía Luchita"; la de sus abuelos maternos y tíos limeños en "Los hijos de Clausen"; y la de su padre en "Los huesos de mi padre". Por último, el escritor reflexiona acerca de su propia existencia ("viviendo tantas vidas como ancestros") y muerte en el poema "Con el sol en los órganos".

Si bien la obra de Hinostroza, como casi toda la poesía de la generación del 60, se ha caracterizado por incluir elementos narrativos, esta vez estos elementos se vuelven dominantes, dejando fuera las alusiones intertextuales y las reflexiones metaliterarias de la poesía hinostroziana. Además, se abandona todo tipo de retórica y métrica por un lenguaje oral y coloquial: "Mi madre Gloria era / la chica linda del Callejón del Buque / de bajoelpuente, en el jirón Trujillo, manyas primo". El resultado remite a esa tradición de poesía en español que va desde los romances hasta los corridos mexicanos, recreados en uno de estos poemas: "Loco de rabia asesina / el tal chileno culeo / se enfrentó con su entenao...".

Fue el crítico español Fernando de Diego quien motivó a Hinostroza -al pedirle algunas páginas sobre el pasado de su familia- a escribir estos poemas. De Diego destaca, en el prólogo, el valor testimonial de este Memorial que recorre el siglo XX peruano a partir de los avatares de dos familias de diferente origen pero de la misma clase media. Las crisis económicas, la migración, el retrato de la Lima "que se fue", las injusticias raciales y de género, aparecen en estas páginas ligadas a ciertos aspectos de la cultura popular. De ahí las diferentes menciones fílmicas, culinarias y musicales: "Celia Cruz la cubana / con la Sonora Matancera desde luego / que venía para el carnaval de Barranco...".

Por supuesto, los seguidores de la poesía de Hinostroza se preguntarán si ese valor testimonial justifica la renuncia al complejo y rico universo de Consejero del lobo (1965) y Contra natura; a esa poesía desarrollada a partir de la provechosa lectura de Saint-John Perse, Pound, Eliot y Shakespeare. Demasiadas renuncias solo para incursionar en territorios poéticos bastante transitados, pues en el Perú contamos ya con una serie de testimonios similares, y hasta de una mayor diversidad cultural, que se inician con la obra fundadora de Leoncio Bueno (Trujillo, 1921) y abarcan hasta libros de autores de promociones recientes como Casa de familia (1995) de Selenco Vega.

Cosas del lenguaje
"Antes mi poesía era acusada de hermética, difícil, bastante barroca..." ha dicho el poeta en entrevista reciente, "...entonces me he propuesto simplificarla. He hecho una cosa más sencilla, con un lenguaje corriente". A pesar de este propósito, su entusiasmo por el lenguaje "corriente" no parece ser mayor que su vocación barroca, y en "Con el sol en los órganos", el poema final del libro, el verso endecasílabo, el más prestigioso de la literatura en español, se vuele dominante. Y con él comienzan a sentirse ciertas resonancias gongorinas: "El mar al borde de la carretera / con su lonja de sol que reverbera...".

Perfil
Nacimiento. Lima, 1941. Poemarios. Consejero del lobo (1965), Contra natura (1971), Poemas reunidos (1986). Narrativa y teatro. Aprendizaje de la limpieza (1978), Fata Morgana (1994), Apocalipsis de una noche de verano (1986), Cuentos de extremo occidente (2002).


(Crédito de la nota:
(Crédito de la fotografía:

"Memorial de Casa Grande" de Rodolfo Hinostroza



Título: Memorial de Casa Grande.
Género: Poesía.
Autor: Rodolfo Hinostroza.
Editorial: Lustra editores.
Dimensión: 23 cms. x 15.8 cms.
Precio: S/. 25.00
Año: 2005
Número de paginas: 56
ISBN: 9972257010


"Memorial de Casa Grande", fue el tercer libro de poemas que publicó el reconocido poeta peruano Rodolfo Hinostroza, tras un prolongado periodo de silencio lírico, de nada menos que 34 años, tras los que Hinostroza confió en Lustra editores, para la publicación de este tercer poemario. Está de más decir, que habiendo pasado tantos años desde que remeciera el ámbito literario con sus archifamosos poemarios "Consejero del lobo" (1965) y "Contra natura" (1971, que le valió el Premio internacional de poesía "Maldoror"), Memorial de Casa Grande fue esperado con inusuales ansias por parte de los seguidores de la voz poética de este gran escritor, de quien no sin justicia podemos decir, es actualmente el escrito peruano vivo con mayor registro, habiendo publicado no solo en poesía, sino además en cuento, novela, periodismo, culinaria, astrología, teatro y ensayo.

Memorial de Casa Grande, es un repaso por los antiguos afectos del poeta, por aquellas vivencias relacionadas a su familia y a las emociones suscitadas en él en un ámbito tan cerrado como la familia mas cercana. Este poemario marcó así el regreso de una de las voces más notables de la poesía no solo peruana, sino latinoamericana. Voz lírica, homónima del autor, que se sumerge en el árbol genealógico familiar Hinostroza para pasar a exponer el recorrido de una familia que anclada en sus orígenes en el fundo de Huaraz, se desperdiga luego por la amplia mesocracia burguesa de la ciudad capital Lima.

El poema final "Con el sol en los órganos", sirve de anclaje con la realidad inmediata y constituye una reflexión sobre el presente y el futuro de la voz poética. Se abandona el lenguaje cargado de metáforas y referencias a los clásicos ingleses y de lengua castellana, su afecto a la cita erudita, para recurrir a un lenguaje descarnado pero cargado de referentes de la cultura popular, que fluye a lo largo de sus versos. Este es pues sin duda, un poemario memorable, pero sobre todo: imprescindible.
 

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