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lunes, 21 de septiembre de 2009

Entrevista a Víctor Ruiz Velazco sobre el poemario "Délibáb enemigo del viento"


Reproducimos la entrevista a Víctor Ruiz Velazco sobre el poemario Délibáb enemigo del viento, que publicó Carlos M. Sotomayor en el blog Letra Capital el día 18/12/2007*.


ENTREVISTA A VÍCTOR RUIZ VELAZCO

Al igual que en su primer poemario, en Délibáb (Lustra editores, 2007) también está presente la intertextualidad. Sin embargo, en esta segunda entrega Víctor Ruiz Velazco se muestra más seguro de sus propios recursos expresivos y asume mayores riesgos.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR

¿Por qué Délibáb?
El libro está presentado como un gran palimpsesto, una sucesión de imágenes, voces y referentes culturales y personalísimos de lo más diversos, no para que sean leídos como una totalidad armónica, como un gran collage, o sea una gran y única imagen que da cuenta del todo, sino más bien a manera de un espejismo donde se trastoca realidad y percepción y donde ni el tiempo ni el espacio bastan o delimitan nada, de ahí la imagen del Délibáb, que es el espejismo húngaro, sea la palabra que condense este sentimiento donde la autoría pasa a ser también parte de esta propuesta. El poema homónimo y el que le dio el tono al libro, toma como alterego al Quijote y la materia árabe, por ende me pareció más apropiado que el nombre del libro fuera Délibáb y no Mirage, Espejismo o Fata morgana, que por cierto ya existía con la novela de Hinostroza. Además el título por sí mismo es poético, el subtítulo Enemigo del viento es un verso de Yeats.

El gran eje temático del libro es el viaje...
Un viaje en el que el desplazamiento físico es mínimo o nulo. Es un recorrido por la historia, mis más caros libros, la vida de mis héroes literarios; y también hacia el encuentro de la amada, que termina con el desarraigo total; es un constante irse, en realidad, un amor presentado en “clave de guerra”, donde todo es evanescente. En Délibáb siempre me estoy yendo, siempre me estoy perdiendo. Todo se presenta como un espejismo al que se ingresa y no se sale nunca. ¿Qué otra cosa si no es la poesía?

Aprendiendo a hablar con las sombras, tu primer poemario, ponía de manifiesto ciertos tributos. ¿Uno de ellos podría ser a Rodolfo Hinostroza?
Sí, eso es cierto, y de hecho traté de que fuera más evidente de lo que la gente piensa, pero parece que no fui del todo claro. Si por mí fuera, hubiera puesto una nota bajo cada poema. Me encanta hablar de los poetas y sobre todo de sus poemas, pero entonces no hubiera escrito un poemario, sino un ensayo sobre la poesía. Aprendiendo a hablar con las sombras es hasta cierto punto un libro de homenajes, una revisión y reescritura de mis autores favoritos y un “demostrar” –y ahí está la vehemencia juvenil– mi proceso de aprendizaje, sobre la marcha, de la palabra y sus posibilidades expresivas. Por esa razón creo que el libro como tal no termina de funcionar del todo como unidad, como estructura, quiero decir, pero considero que poema por poema no se le puede reclamar nada.

¿Cómo definirías Délibáb en relación a tu primer libro?
Creo que era un lugar previsible al que llegaría. No hay nada gratuito, todo es parte de un proceso. Si alguien lee mi primer libro, verá que la aparición de Délibáb era inminente y entenderá mejor además mi propuesta. Estos dos libros, junto a Euforión o La presa y Liebe: la muerte en el otro, conforman la primera etapa de mi obra llamada también Aprendiendo a hablar con las sombras, creo que el título habla por sí solo. Aunque también podría llamarse la etapa de la materia Marianne que es el verdadero y gran personaje que atraviesa los cuatro libros y que increíblemente todos obvian privilegiando a una voz que nunca señala el lugar del cuerpo. Después de eso, tengo algunos proyectos en los que estoy trabajando con gran entusiasmo, pero ya más tranquilo, más reposado, sin las ganas locas de incendiar al mundo que tenía a los 18.

Tú perteneciste quizás a la última generación de discípulos de Wáshington Delgado. Incluso ganaste un premio que lleva su nombre. ¿Qué es lo que más recuerdas de él?
Wáshington es uno de mis maestros y es un honor poder decir que fui amigo suyo también. Creo que era un hombre verdaderamente notable y un poeta excepcional. Recuerdo su pasión por El Quijote, su dicción perfecta, su cigarro, las conversaciones interminables en su casa o las lecturas en La Noche de Lima que organizaba Alessandra Tenorio y donde en una ocasión volvió a encontrarse con Romualdo. Haber tenido la oportunidad, gracias a Lucho y Sonia (hijos de Delgado), de llevar a cabo una antología sobre su obra a propósito de sus ochenta años, ha sido volver a reencontrar a Wáshington también y comprender en su real dimensión, a la luz de cuatro años de su partida, cuan importante y necesario era, aunque es un consuelo saber que su voz siempre estará.

¿Cómo ves a tus compañeros poetas de generación?
Tengo mucha fe en esta generación; de hecho todos nos conocemos desde finales del siglo pasado y ninguno ha renunciado a pesar de las dificultades, eso de por sí ya es un milagro solo posible en un país como el Perú. Creo que las obras de Polack, Tenorio, Haya de la Torre, Huamán, Guillén, Sordómez, Lazarte y Podestá son de las más valiosas, pues no solo han alcanzado una expresión propia, sino que en algunos de estos casos hay una reflexión importante sobre el hecho poético, una propuesta: una Obra. Lo demás sólo el tiempo lo dirá.

*Versión completa de la editada que apareció en el Diario Correo el 18/12/07.


(Crédito de la entrevista:
(Crédito de la fotografía: Eduardo Cavero)

jueves, 17 de septiembre de 2009

"La palabra en el tiempo". Antología del poeta Washington Delgado


Título: La palabra en el tiempo.
Género: Poesía.
Autor: Washington Delgado.
Editorial: Lustra editores .
Dimensión: 22.7 cms. x 14.5 cms.
Precio: S/. 35.00
Año: 2007
Número de paginas: 141
ISBN: 9786034511910


Pocos como el poeta Washington Delgado (1927-2003), han dejado una huella tan notable en la poesía no solo peruana, sino también latinoamericana, tanto por sus dotes artísticas, como por sus dotes personales, al saber llegar a sus alumnos universitarios mas como un amigo, que como un típico catedrático cuya única relación con sus discípulos es la de profesor-alumno.

Delgado fue sin duda un poeta excepcional, miembro de la generación de poetas peruanos del '50, mostró desde sus primeros poemarios una singular inteligencia para lograr una perfecta unión de lo práctico con lo bello, característica que mantuvo a lo largo de su extensa y muy fructífera carrera poética. Los poemas de Delgado, pese a que algunos ya pasan el medio siglo desde su primera publicación, conservan un aliento juvenil, una lozanía que unida a la experiencia y pericia que adquirió con el tiempo y el trabajo con la palabra, lo ayudaron a producir poemarios que se retroalimentaban para generar nuevas creaciones, cada una mejor que la anterior.

A través de la antología La palabra en el tiempo, Lustra editores le rinde homenaje no solo al eximio poeta, sino principalmente al amigo, al Maestro, que pese a la diferencia de edades frente a sus discípulos, siempre se mantenía jovial y con un inquebrantable ánimo por fomentar el conocimiento y la práctica literaria, fuese en las aulas universitarias o en la calidez de su hogar, donde no dudaba en abrir las puertas a todo aquel discípulo cuya curiosidad lo hiciera acudir para saciar su sed de conocimiento, o simplemente, para departir e intercambiar ideas e impresiones sobre diversos temas.

Son escasos los poetas que pueden mantener una regularidad de gran factura en su obra a lo largo de su vida, y Washington Delgado fue uno de aquellos pocos, renovándose con cada obra, inventando formas o maneras de creación poética por medio de una multiplicidad temática que surcó desde lo más clásico, hasta en teoría lo más elemental; todo lo que se reune en la presente publicación, donde se han seleccionado cronológicamente ochenta de sus mejores poemas, los mismos que nos dan una evidente muestra, del fuste de este gran poeta peruano.
 

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