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miércoles, 1 de junio de 2011

Entrevista a Rodolfo Hinostroza por Carlos Sotomayor

Rodolfo Hinostroza tiene un nuevo motivo para celebrar. Su célebre poemario Contra Natura cumple 40 años desde su publicación, allá por 1961. Aquel libro, que se hizo acreedor del Premio Maldoror –organizado por la editorial Seix Barral–, se ha convertido en un clásico de las letras hispanoamericanas. Lustra editores, con Víctor Ruiz a la cabeza, se suman a la celebración con una estupenda edición conmemorativa.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR


Contra Natura cumple 40 años y su vigencia es indiscutible. ¿A qué atribuyes esto?

Creo que es por la época. En esa época agarré la onda del tiempo. Empecé algo que iba a florecer con el tiempo: el nacimiento de la utopía y esa libertad que los jóvenes tienen ahora. Todo esto fue una cosa que empezó allí. Y creo que tuve la suerte de pertenecer a ese momento histórico.

El libro marca una toma de posición frente al poder…

Esa toma de posición política que yo tenía al escribir el libro se ha acentuado hoy. Para mí estamos al borde de un gran cambio político. Y lo que estamos viendo son signos que preceden a un gran cambio. Esa tendencia de la paz y la justicia que había en los años sesenta se van a acentuar mucho en este momento porque hay un gran cambio de ciclo. Porque justamente habrá un predominio del poder y la energía femenina, que va a dulcificar nuestros modales y costumbres, y va a regularizar una serie de valores que ahora están al borde del colapso. En otras palabras, la utopía que yo he auspiciado en este libro va a ser posible dentro de pocos años.

¿Qué significó para ti ganar el importante Premio Maldoror?

Me alegró mucho. Recuerdo que una vez que gané, conocí a Octavio Paz, quien fue miembro del jurado. Me lo encontré en París. El estaba de paso, pues se iba a Londres. Me pidió que lo acompañara a la estación de tren. Y me dice: ¿ya salió el libro? Sí. ¿Y qué cosa ha pasado? Nada. Cómo que nada, acuérdese de mí, este libro le va a cambiar la vida (risas). Y efectivamente la cambió. Era un premio internacional con un gran peso. Y era la primera vez que un peruano ganaba un premio internacional en Europa. Eso fue noticia internacional. Ese libro es el que, probablemente, me ha dado más de satisfacciones.

Era tu segundo poemario y con él logras convertirte en una voz indiscutible de la poesía hispanoamericana.

Me sorprende mucho a mí mismo. Creo que viene un poco de nacimiento. Tengo el don natural de la lengua. Con ese segundo libro de poemas gané un premio. Y luego he seguido ganando premios. Gané el Juan Rulfo. Eso me dice que tengo el don de poder escribir cualquier género. No digo que no me cueste. Me cuesta, porque hay que aprender. Yo tuve que aprender a escribir teatro, por ejemplo; no es algo que surja espontáneamente. Yo no me quedé en la parte poética. Sino que, cuando gané el Premio Maldoror, había cumplido con la poesía y que había llegado de manera espontánea a una especie de nivel. Y traté de explorar un poco más mi don de la lengua. Saber si podía escribir prosa tan bien como poesía. Y a mí la prosa siempre me interesó mucho. Escribí un libro de cuentos. Luego dos novelas y tres obras de teatro.

¿Y ahora que sorpresas nos preparas?

Y ahora estoy por publicar parte de mi obra periodística. Así como tú yo he sido periodista toda mi vida y he vivido de esto durante años. He trabajado en Caretas. Terminé dos libros: Descubriendo la experiencia de la cocina peruana, donde cuento mi experiencia de cronista gastronómico, y Pararrayos de Dios, que son veinte crónicas sobre poetas peruanos.

Dado que escribes distintos géneros, siempre me he preguntado cómo es tu proceso creativo…

Hay un poema que se llama “Redes para captar una nube”. Yo tengo redes para captar una nube. Qué cosa hago. Primero, es la idea, lo que yo capto. Las nuevas ideas para algo son siempre muy escazas. Entonces, qué sucede: se me ocurre una idea perfecta para cuento y lo escribes, si tienes el talento para escribir cuentos. Y luego viene otra idea y dices: esto es un poema. Y así vas reconociendo el género según el tono con el que vayan apareciendo las cosas. Esto tiene que ver con el prodigio que te comenté de tener desarrollada esta capacidad de dominar la lengua en todas sus formas.

¿Y esa facilidad que mencionas tiene que ver con el hecho de que tu padre fuese poeta? Acabo de recordar un pasaje de tu novela Fata Morgana en la que el protagonista le revela a su psicoanalista que su padre escribía poesía. Y él le dice algo así como “recién me lo cuentas; eso explica muchas cosas”.

(Risas) Claro… Mi padre era poeta. El año pasado publiqué su obra poética. Mi padre escribía muy bien. Mi madre también escribía. Tenía buena prosa y sabía reconocer la buena prosa. Mi papá me pasó Lolita de Nabokov cuando tenía 21 o 22 años. La leí y fue un deleite por el placer de la lengua. En mi casa había eso: el placer de la prosa.




(Crédito de la nota: http://carlosmsotomayor.lamula.pe/2011/06/01/entrevista-a-rodolfo-hinostroza-3/carlossotomayor)

martes, 31 de mayo de 2011

Nota en el Diario La Primera sobre Contra Natura de Rodolfo Hinostroza (Lustra, 2011)


HOMENAJE AL POETA
29 de mayo del 2011




Rodolfo Hinostroza celebra 40 años de la publicación de su poemario “Contra natura” con una reedición de lujo.


“Contra Natura”, poemario de Rodolfo Hinostroza, será presentado en una reedición conmemorativa por los cuarenta años de su aparición. Recordemos que en 1970 este libro recibió el Premio Maldoror de poesía otorgado por Seix Barral, por un jurado en el que se encontraba el poeta Octavio Paz.

Lustra Editores se ha encargado de esta nueva publicación tomando como modelo la edición príncipe de Barral Editores, utilizando el diseño original y la tipografía. Del libro apenas se imprimirá 250 ejemplares numerados y se presentará este lunes 30 de mayo, a las 7.30 p.m., en el auditorio del Centro Cultural de España, ubicado en Natalio Sánchez 181, Santa Beatriz.

El poemario de Rodolfo Hinostroza es, de hecho, un tratado sobre la renuncia al poder y sobre el derrumbamiento de los sueños y las utopías. El poeta nació en 1941 y su ópera prima fue “Consejero del Lobo” (1965), con el que se constituye en uno de los más destacados exponentes de la llamada generación del 60. Ha publicado, además, en poesía: “Poemas reunidos” (1986), “memorial de Casa Grande” (2005), “Nudo Borromeo y otros poemas perdidos y encontrados” (2007) y “Poesía completa” (2008). En 2009 se hizo merecedor de la Beca Guggenheim. En 1987, su relato “El Benefactor” ganó el premio internacional de cuento “Juan Rulfo”, otorgado en París por Radio Francesa Internacional.


(Nota tomada de: http://www.diariolaprimeraperu.com/online/cultura/homenaje-al-poeta_87118.html)

Edición conmemorativa de Lustra por los 40 años de Contra Natura de Rodolfo Hinostroza









La obra
Contra Natura, premio Maldoror de poesía otorgado por Barral Editores en 1970, prolonga, e intensifica, el debate entre el yo y la realidad que Rodolfo Hinostroza había desarrollado en su primer libro (Consejero del Lobo, La Habana-1965); ahora, entre el yo y el poder. El poemario es, de hecho, un tratado sobre la renuncia al poder y sobre el derrumbamiento de los sueños y las utopías. Del poder, corruptor de la Idea, hay que huir; y también de las causas, de los espejismos colectivos y sus atroces exigencias. Entre ecos de la guerra de Vietnam y de un hippismo que promueve el viaje, físico y espiritual, como liberación, y que nos lleva de París a Ibiza, de Londres a La Habana; entre invocaciones búdicas y alusiones irónicas a los conflictos ideológicos de la época; entre citas de sus poetas queridos ―Whitman, Vallejo, Pound, Perse― y exhortaciones a hacer el amor y no la guerra, la palabra de Hinostroza constituye una crítica a la centralización del poder y se revela como una de las experiencias más intensas y vivificantes en lengua española, confiriéndole el título de clásico moderno.

El autor
Rodolfo Hinostroza (Lima, 1941)
Con su ópera prima Consejero del Lobo (1965), se sitúa como uno de los más destacados exponentes de la llamada generación del 60. Contra Natura (ganador del premio internacional de poesía Maldoror, organizado en 1971 por la editorial Barral de España), lo erige como uno de los clásicos modernos de poesía en lengua hispana. Ha publicado, además, en poesía: Poemas Reunidos (1986), Memorial de Casa Grande (2005), Nudo Borromeo y otros poemas perdidos y encontrados (2007) y Poesía completa (2008). En 2009 se hizo merecedor de la Beca Guggenheim.

La edición
Son 40 años los que han pasado desde la publicación de Contra Natura de Rodolfo Hinostroza, uno de los poemarios cumbre del idioma español del s. XX. Esta edición celebratoria se ha trabajado tomando como base la edición príncipe de Barral Editores; se ha tratado de reproducir la tipografía y diseños originales, pero se han salvado los errores presentes en dicha edición, errores que se han repetido e incluso a los que se le han sumado otros en cada una de las ediciones que siguieron a la de 1971.


Este libro obtuvo el Premio Maldoror de 1970 otorgado en Barcelona por el jurado compuesto por Félix de Azúa, Carlos Barral, José María Castellet, Jaime Gil de Biedma y Octavio Paz. La presente edición intenta ser un tibio homenaje a uno de nuestros poetas universales.

Para mayor información, favor de comunicarse al e-mail: lustraeditores@gmail.com

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Nota sobre "Memorial de Casa Grande", de Rodolfo Hinostroza por Fernando de Diego


Reproducimos aquí la nota que sobre el poemario Memorial de Casa Grande de Rodolfo Hinostroza, efectuó el reconocido Fernando de Diego, publicada en la página web "Poesía-sexo-marihuana" el año 2006.


Memorial de Casa Grande (2005) de Rodolfo Hinostroza

Memorial de Casa Grande (2005), último poemario de Rodolfo Hinostroza después de unos años de silencio poético, nos invita a la reflexión sobre la identidad peruana. La voz lírica, homónima del autor, se sumerge en el árbol genealógico de la familia Hinostroza para ir exponiendo, desde el primer poema “Los tíos de Huaraz”, el recorrido de una familia que anclada en sus orígenes en el fundo de Huaraz y “constructores de la legendaria ruta a Quincemil”, se desperdiga por la amplia mesocracia burguesa de la ciudad de Lima: “Tomaron casa pues en La Victoria/ Que era el nuevo distrito mesocrático/ De tiempos de Leguía...”. El Memorial se compone de dos grandes movimientos en los que se expone sucesivamente, a forma de crónica, la vida de la familia y la del propio autor. El poema final “Con el sol en los órganos” sirve de anclaje con la realidad inmediata y constituye una reflexión sobre el presente y el futuro de la voz poética.

Desde “Los tíos de Huaraz”, el poema más extenso del libro, y “Las bodas de la tía Luchita”, se nos expone no sólo el recuento de los avatares de la familia Hinostroza sino que en filigrana van inscribiéndose en el discurso los recuerdos y alusiones de la voz poética, que creo se puede identificar sin temor a equivocarnos con la del propio autor. En “Los tíos de Huaraz” se rememora la perdida Edad de Oro en el fundo familiar, se recuerda el contexto cultural que rodeaba aquel mundo desaparecido mediante la enumeración de la música que escuchaban. El problema de la migración se plantea como una pérdida sucesiva de la identidad. Lima representa no sólo la pérdida de poder económico sino al mismo tiempo la aparición de otros fenómenos producto del medio urbano. Quizás sea la música evocada la que nos muestre esta evolución. Del Bel Canto de Huaraz se pasa al bolero de María Grever, y la incidencia de la música cubana, con Celia Cruz como representante principal. La violencia de género también se menciona aunque brevemente en relación con la vida de su tía Berta. Pero acaso lo más interesante de esta parte final del primer poema sea la rememoración de una Lima, acaso perdida, centrada en torno al barrio de Barranco. El discurso de Hinostroza en este poema adquiere carácter épico dejando de lado las características esenciales de su poesía anterior. El desencanto y el compromiso político presentes en Consejero del lobo, dejan su lugar a una introspección en la que el yo lírico se oculta tras la tercera persona del cronista de Memorial. Las prédicas pacifista y libertaria de las que nos hablaba J.A. Mazzotti¹ al estudiar Consejero se han desplazado a un diálogo con un pasado asumido en el que los registros coloquiales describen prácticas culturales y ritos sociales de una familia venida a menos en la Lima de la década de los 40.

En “Las bodas de tía Luchita”, segundo poema de Memorial, encontramos el origen de la pasión de Hinostroza por la gastronomía. Las referencias a la pintura prerrafaelita para describirla se acompañan de la descripción del origen multicultural de la cocina peruana como marca de identidad nacional. El papel de la mujer en dicha sociedad se define irónicamente por la “venta” de Luchita a cambio del pago de las deudas paternas. Hinostroza recurre al corrido mexicano para describir al macho encarnado por su tío Augusto. En este poemas también encontramos referencia a otro personaje teatral de su propia obra, el Hermano Iván de Cuadrando el círculo, obra inédita del autor. De forma indirecta y mediante la intertextualización de su propia obra, procedimiento caro a Hinostroza, la astrología se inserta como elemento menor en el poemario, tema ya desarrollado fundamentalmente en Contra Natura.

En los dos poemas que le siguen: “Los hijos de Clausen” y “Los huesos de mi padre”, el poeta focaliza el objeto de su discurso en su entorno más cercano. El paraíso perdido de Huaraz se remplaza, en el primero de ellos, por el inalcanzable de los Estados Unidos de América. De la Casa Grande hemos pasado a la Casa Chica. El poeta desvela sin ningún pudor la historia de la familia de su madre y del matrimonio de sus padres. El mundo referencial que se intertextualiza en este poema es deudor del mundo cinematográfico. Hinostroza expone el otro lado de la medalla de la estructura social peruana, la historia de lo “otro”, de los “otros”, de los miembros de las “casas chicas”, representada por todas las familias cuyo origen hay que buscarlo fuera del linaje bendito por la Iglesia o el Estado. “Los huesos de mi padre”, poema que por primera vez aparece con un epígrafe de Javier Heraud², es un homenaje a la figura paterna, de la que ya nos habló en los poemas anteriores, a su vida y a su obra poética. Las referencias literarias a Jorge Manrique presentes en el poema sirven de entramado al dolor ya anunciado en los versos de Heraud, la temática de la fugacidad de la vida y del anonimato del poeta sin éxito completan el poema. El poemario concluye con una reflexión sobre la muerte y una elegía a la vida marcada por los últimos versos y la imagen del sol como compañero de la experiencia de lo vivido.

A modo de conclusión, podemos señalar que la palabra del lenguaje poético de Hinostroza abandona en este poemario “la honda y compleja oscuridad [...] su entraña visionaria y onírica” de la que nos hablaba González Vigil³, para exponer en forma de memorial sus recuerdos y vivencias. Se abandona el lenguaje poético cargado de metáforas y referencias a los clásicos ingleses y de lengua castellana, su afecto por la astrología y la cita erudita, sus reflexiones sobre el ajedrez para recurrir a un lenguaje descarnado de figuras retóricas pero cargado de referentes de la cultura popular, que fluye a lo largo de sus versos y describe su historia familiar que nos recuerdan los últimos versos de “Nudo borromeo”:

“Y en un delirio de provisiones y de ropa limpia
Olorosa a lavanda
Viajas en tus palabras
Y tus palabras viajan.”

¹José Antonio Mazzotti y Miguel Ángel Zapata. El bosque de los huesos. Antología de la nueva poesía peruana 1963-1993. México: El Tucán de Virginia, 1995.
²Este poema apareció con anterioridad (sin el mencionado epígrafe) en la revista Quehacer 114 (Lima: julio-agosto 1998: 90-93), y en el volumen Yacana. Antología poética. 51 poetas (Lima: Librería Internacional del Perú, agosto 2005, pp. 93-96).
³González Vigil, Ricardo. “Presentación”. Consejero del lobo de Rodolfo Hinostroza. Lima: Tixi Producciones, 2003.


(Crédito de la nota: Fernando de Diego Pérez.
(Crédito de la fotografía:

Entrevista a Rodolfo Hinostroza sobre el poemario "Memorial de Casa Grande"


Reproducimos la entrevista que hiciera Paolo de Lima a Rodolfo Hinostroza sobre el poemario Memorial de Casa Grande, publicada en la página web de "Agenciaperu.com".


Rodolfo Hinostroza: "Nos estábamos olvidando que la poesía es emoción, y estos poemas nos lo recuerdan".

Rodolfo Hinostroza (Huaraz, 1941) es considerado uno de los mejores poetas hispanoamericanos de la generación del 60. Ahí están sus fundamentales obras Consejero del Lobo (1965), Contranatura (1971), Poemas Reunidos (1986). En 1987 ganó el premio internacional de cuento “Juan Rulfo”, otorgado en París por Radio Francesa Internacional con el relato “El Benefactor”. La siguiente entrevista gira en torno a Memorial de Casa Grande, tercer poemario suyo después de 34 años y que acaba de publicar Lustra editores.

Una primera pregunta de corte estrictamente técnico, literario. ¿Cómo así es poesía esta escritura de versos narrativos?

Es poesía porque transmite emoción, pensamiento y ritmo, con unas imágenes visuales aquí y allá, y un manejo dramatúrgico de la acción, los personajes, los decorados, los clímax y anticlímax, la secuencia verbal. No es la primera vez que empleo el verso dramático, lo he hecho ya en mi teatro, tanto en Apocalipsis de una Noche de Verano como en Waman Poma que acabo de publicar en México. Yo no llamaría narrativos a mis poemas, sino más bien dramáticos porque están sustentados en una emoción capaz de hacerte estallar en lágrimas, como suele ocurrir con “Los Huesos de mi Padre”. Nos estábamos olvidando que la poesía es emoción, y estos poemas nos lo recuerdan.

En un ensayo que escribí en 1999 en relación a la recepción crítica a tu poesía, terminaba señalando que “los múltiples niveles de significación [de tu obra poética] la diferencian nítidamente del didactismo politizante de buena parte de la poesía de otros autores, así como del registro eminentemente coloquialista que ha sufrido, junto con el general distanciamiento respecto de los paradigmas de la modernidad, su propio deterioro”. Y ahora, mira tú, nos presentas, después de 34 años, este poemario eminentemente narrativo y coloquial. ¿Por qué?
Porque no es ni narrativo ni coloquial, es dramático. Cada poema se monta un poquito sobre el otro, se traslapa un poco sobre el otro, como esa sintaxis de Tarantino en Pulp Fiction por ejemplo, y la pareja de mis padres es vista en varias diferentes perspectivas, juntos y separados, antes y después. Es un modo diríamos caleidoscópico de contar una historia de familia que termina en el Cielo, e involucra una reflexión sobre la muerte, que se hace más patente a medida que el poemario avanza, para terminar sobre una elegía a la muerte de mi padre, y una reflexión metafísica sobre la muerte a partir de un genoma moche.

La expresión de los temas que tienen que ver con tus antecesores familiares se da de una manera descarnada. Sin embargo, se podría decir que no hay atisbos de enfado o rencor (salvo contra algunos parientes muy puntuales). Más bien, los remates de los poemas suelen darse desde un presente feliz, por así decirlo. En “Los tíos de Huaraz” acabas mencionando el último vestigio de Casa Grande, un vitral del comedor ahora en manos de tus primos Vega Rizo-Patrón en su hostal cercano a unos baños termales a la salida de Huaraz. Dices: “Este verano a ver si la visito / Con Ingrid y mis hijos”. En “Los huesos de mi padre” terminas hablando del “amor desgraciado” de tus padres que, como señalas en el verso final, “sin embargo dio maravillosos frutos” refiriéndote a ti y a tu hermana Gloria. Los verso finales del libro son extraordinarios y van en esta misma línea: “Y me paseo con el sol al hombro / En virtud de los hechos conocidos”. ¿Podrías comentar esto?
Siempre he tratado a los primeros y a los últimos versos de mis poemas, como si fueran el aperitivo y el café, y he tratado de que sean perfectos, sobre todo los últimos, porque los primeros te los dicta Apolo en un arranque de inspiración de esos que no te los creen ni tus admiradores más cercanos. Y al primer verso no se le mira el diente, porque es el que te abre la puerta del poema.

En el poema más antiguo del conjunto, “Los huesos de mi padre”, el único publicado con anterioridad (en 1998 en la revista Quehacer), ya se da el tono que finalmente adoptó el libro. Por esos mismos años habías publicado también el poema “Con una camioneta llena de chicos soñolientos” (en el primer número de la revista Hipocampo de oro, de noviembre de 1997), donde el tono es el mismo. Otro aspecto en este poema en relación con Memorial es lo que te señalaba en la pregunta anterior: la felicidad que “roza con sus alas” a ti y a tu familia de regreso a casa una tarde de domingo. En este poema concluyes dando cuenta de cómo tus hijos “crecen implacablemente [/] con huellas de divinidad en las narices” con lo cual tu vida “se llena de sentido”. ¿Estás de acuerdo?
Sí, claro, el tono ya estaba dado y faltaba usarlo un poco más, darle más desenvoltura. Si te fijas bien en la pieza que acabo de publicar, Waman Poma, el mismo tono está también allí, porque es escrita en verso, y es lo que antecede apenas de un par de años a los poemas de Casa Grande.

Unos versos de Memorial dicen: “Los Hinostroza de Huaraz nos hemos pues fundido / En el ancho río de la Clase Media / Que nos abrió los brazos generosamente, / Como a todos los desamparados de este mundo, / Los que vienen de abajo y los que caen de arriba”. En relación con la clase media, ya en 1989 en una entrevista que te hiciera Cesáreo Martínez para La República expresabas lo siguiente: “Aunque parezca mentira, vemos que a partir de mayo del 68 y todos los años posteriores, la clase media es la que plantea alternativas de poder no sólo en el Perú sino en el mundo [...] Creo que al mundo contemporáneo le conviene que domine la clase media”. Aunque tu posición es clara, ¿puedes desarrollar este tema?
También lo dije en “El Muro de Berlín” y es la lejana referencia ideológica que enmarca este cuento y desliza esa misma pregunta subliminal: ¿Quién derribó el Muro de Berlín? Fuenteovejuna señor. ¿Y quién es Fuenteovejuna? La Clase Media pues, la clase inexistente, negada por Marx y Lenin, reclutada por Stalin, y nomenclaturizada por Malenkhov y Jhrushev, que terminó royendo el Imperio Soviético desde sus bases, y derribó el Muro de Berlín. Y yo creo que si una clase social es tan poderosa como para derribar al Imperio comunista, no tardará en hacer lo propio con el Imperio capitalista, para fundar una sociedad regida por la Clase Media, que de todos modos es ya mayoritaria en el mundo.

En su reseña al libro, Ricardo González Vigil señala en relación al poema final “Con el sol en los órganos” que la naturaleza es “vista desde un ángulo distinto al contestatario [poemario] Contra Natura : Un Con-y-según-Natura”. ¿Qué opinas de esta lectura?
No, discrepo con esa interpretación, porque una reconciliación con sus raíces, explícita en el libro, no significa ir a un ordenamiento conservador. Además ese poema habla, como todos los de este grupo, de la muerte en diversos enfoques, lo que constituye uno de los epicentros del poemario.

En este mismo poema (“una reflexión sobre la muerte y una elegía a la vida”, como señala Fernando de Diego en la presentación) expresas lo siguiente: “Por eso es que se guarda el polvo en cementerios / Como una colección de frascos de botica / Por eso no me cremen cuando muera / No sea que me traigan un día de regreso / Estos humanos locos”. ¿Qué hay de este tema?
Es la resurrección científica, huxeliana, que sin duda nos acecha en algún laboratorio con todo este asunto del genoma humano. Estos humanos locos debía estar en brasileño…

En relación a la filosofía del libro, quiero mencionarte unos versos. En “Los tíos de Huaraz” dices: “Pero siempre nacen más de los que mueren / Y es ésta la estrategia de la vida / Que será siempre mas grande que la muerte / Aunque sólo sea porque corre más rápido”. Y en el poema “Con el sol en los órganos” expresas algo parecido: “La vida es siempre más: sus estrategias / Son más inteligentes que la muerte / Que sólo sabe hacer de diferencias polvo / Indistinguible”. Esa “toma de posición y concepción del mundo” que significa volver a la Casa Grande , como señala Víctor Ruiz Velazco en el epílogo, y que tiene que ver con “una decisión tomada por un valor ético fundamental en la aceptación y regocijo de la propia identidad”, como escribe el propio Ruiz, ¿se amplía a la propia vida en sí? ¿Cuál ha sido el trayecto que dio como resultado esta filosofía?
Bueno esta filosofía me parece sencilla y concluyente si te pones a pensar que después de todas las gigantescas guerras, pestes, hambrunas y catástrofes que han asolado a la humanidad, hemos llegado a la cifra record de 6 mil millones de seres humanos. Y seguimos creciendo.

Una pregunta final. Hay un poema tuyo que publicaste en la revista “Juego de hojas” de México y cuyo lenguaje estaría entre el de Consejero del lobo y el de Contra Natura . ¿Puedes hablar un poco de este texto?
Si mal no recuerdo ese poema, “El que regresa”, lo escribí en La Habana a fines de 1963, cuando me aprestaba a regresar al Perú al cabo de casi 2 años de ausencia, y me preguntaba cosas. Manuel Mejía Valera, un amigo de Gonzalo Rose, me lo pidió a mi paso por México, para esa revista “Juego de Hojas” que luego apareció. Nunca le he dado mucha importancia a este poema, y creo que por eso lo he excluido de mis antologías, como lo hice con otro que se llama “Rito de Purificación” que salió en Los Nuevos.

¿Quisieras añadir algo en particular?
Por ahí ha estado corriendo la especie de que los poemas de Casa Grande los tenía escritos de antes de Consejero del Lobo, lo cual es una barbaridad, porque hace 34 años no se hablaba de ADN o de Genoma Humano. Los he escrito en el mes de octubre, en cosa de dos semanas y lo he publicado apenas un mes y pico después.

Y para terminar, algo que no deja de irritarme es que un cierto Marco Aurelio Denegri, que se dice sexólogo y tiene un programa en la TV peruana, se permite decir que en mi libro no hay poesía y que sólo podría interesar a mi familia. Si a un crítico literario no le gusta mi libro, vaya y pase. Pero un paramédico no tiene por qué opinar de poesía: si su ejemplo prospera, pronto los urólogos, los ginecólogos, los estomatólogos, los peluqueros y las manicuras van a venir a decirnos lo que es poesía y lo que no es poesía. ¿Qué sabe el burro de alfajores? ¿En qué se mete ese maquisapa, que no sabe distinguir un poema de una coliflor? Zapatero, a tus zapatos.


(Crédito de la nota y fotografía:

Nota sobre Rodolfo Hinostroza por su tercer poemario "Memorial de Casa Grande"


Reproducimos la nota que efectuó el periodista Javier Ágreda sobre el poeta peruano Rodolfo Hinostroza, publicada en el Diario "La República" el día 14/01/2006.

Memorial de Casa Grande

Más de 30 años después de la publicación de su último poemario -Contra natura (1971)-Rodolfo Hinostroza nos entrega en Memorial de Casa Grande (Lustra editores, 2005) un conjunto de cinco poemas que narran la historia de las más recientes generaciones de su familia. La de sus ancashinos tíos-abuelos paternos en "Los tíos de Huaraz" y "Las bodas de la tía Luchita"; la de sus abuelos maternos y tíos limeños en "Los hijos de Clausen"; y la de su padre en "Los huesos de mi padre". Por último, el escritor reflexiona acerca de su propia existencia ("viviendo tantas vidas como ancestros") y muerte en el poema "Con el sol en los órganos".

Si bien la obra de Hinostroza, como casi toda la poesía de la generación del 60, se ha caracterizado por incluir elementos narrativos, esta vez estos elementos se vuelven dominantes, dejando fuera las alusiones intertextuales y las reflexiones metaliterarias de la poesía hinostroziana. Además, se abandona todo tipo de retórica y métrica por un lenguaje oral y coloquial: "Mi madre Gloria era / la chica linda del Callejón del Buque / de bajoelpuente, en el jirón Trujillo, manyas primo". El resultado remite a esa tradición de poesía en español que va desde los romances hasta los corridos mexicanos, recreados en uno de estos poemas: "Loco de rabia asesina / el tal chileno culeo / se enfrentó con su entenao...".

Fue el crítico español Fernando de Diego quien motivó a Hinostroza -al pedirle algunas páginas sobre el pasado de su familia- a escribir estos poemas. De Diego destaca, en el prólogo, el valor testimonial de este Memorial que recorre el siglo XX peruano a partir de los avatares de dos familias de diferente origen pero de la misma clase media. Las crisis económicas, la migración, el retrato de la Lima "que se fue", las injusticias raciales y de género, aparecen en estas páginas ligadas a ciertos aspectos de la cultura popular. De ahí las diferentes menciones fílmicas, culinarias y musicales: "Celia Cruz la cubana / con la Sonora Matancera desde luego / que venía para el carnaval de Barranco...".

Por supuesto, los seguidores de la poesía de Hinostroza se preguntarán si ese valor testimonial justifica la renuncia al complejo y rico universo de Consejero del lobo (1965) y Contra natura; a esa poesía desarrollada a partir de la provechosa lectura de Saint-John Perse, Pound, Eliot y Shakespeare. Demasiadas renuncias solo para incursionar en territorios poéticos bastante transitados, pues en el Perú contamos ya con una serie de testimonios similares, y hasta de una mayor diversidad cultural, que se inician con la obra fundadora de Leoncio Bueno (Trujillo, 1921) y abarcan hasta libros de autores de promociones recientes como Casa de familia (1995) de Selenco Vega.

Cosas del lenguaje
"Antes mi poesía era acusada de hermética, difícil, bastante barroca..." ha dicho el poeta en entrevista reciente, "...entonces me he propuesto simplificarla. He hecho una cosa más sencilla, con un lenguaje corriente". A pesar de este propósito, su entusiasmo por el lenguaje "corriente" no parece ser mayor que su vocación barroca, y en "Con el sol en los órganos", el poema final del libro, el verso endecasílabo, el más prestigioso de la literatura en español, se vuele dominante. Y con él comienzan a sentirse ciertas resonancias gongorinas: "El mar al borde de la carretera / con su lonja de sol que reverbera...".

Perfil
Nacimiento. Lima, 1941. Poemarios. Consejero del lobo (1965), Contra natura (1971), Poemas reunidos (1986). Narrativa y teatro. Aprendizaje de la limpieza (1978), Fata Morgana (1994), Apocalipsis de una noche de verano (1986), Cuentos de extremo occidente (2002).


(Crédito de la nota:
(Crédito de la fotografía:

"Memorial de Casa Grande" de Rodolfo Hinostroza



Título: Memorial de Casa Grande.
Género: Poesía.
Autor: Rodolfo Hinostroza.
Editorial: Lustra editores.
Dimensión: 23 cms. x 15.8 cms.
Precio: S/. 25.00
Año: 2005
Número de paginas: 56
ISBN: 9972257010


"Memorial de Casa Grande", fue el tercer libro de poemas que publicó el reconocido poeta peruano Rodolfo Hinostroza, tras un prolongado periodo de silencio lírico, de nada menos que 34 años, tras los que Hinostroza confió en Lustra editores, para la publicación de este tercer poemario. Está de más decir, que habiendo pasado tantos años desde que remeciera el ámbito literario con sus archifamosos poemarios "Consejero del lobo" (1965) y "Contra natura" (1971, que le valió el Premio internacional de poesía "Maldoror"), Memorial de Casa Grande fue esperado con inusuales ansias por parte de los seguidores de la voz poética de este gran escritor, de quien no sin justicia podemos decir, es actualmente el escrito peruano vivo con mayor registro, habiendo publicado no solo en poesía, sino además en cuento, novela, periodismo, culinaria, astrología, teatro y ensayo.

Memorial de Casa Grande, es un repaso por los antiguos afectos del poeta, por aquellas vivencias relacionadas a su familia y a las emociones suscitadas en él en un ámbito tan cerrado como la familia mas cercana. Este poemario marcó así el regreso de una de las voces más notables de la poesía no solo peruana, sino latinoamericana. Voz lírica, homónima del autor, que se sumerge en el árbol genealógico familiar Hinostroza para pasar a exponer el recorrido de una familia que anclada en sus orígenes en el fundo de Huaraz, se desperdiga luego por la amplia mesocracia burguesa de la ciudad capital Lima.

El poema final "Con el sol en los órganos", sirve de anclaje con la realidad inmediata y constituye una reflexión sobre el presente y el futuro de la voz poética. Se abandona el lenguaje cargado de metáforas y referencias a los clásicos ingleses y de lengua castellana, su afecto a la cita erudita, para recurrir a un lenguaje descarnado pero cargado de referentes de la cultura popular, que fluye a lo largo de sus versos. Este es pues sin duda, un poemario memorable, pero sobre todo: imprescindible.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Nota en el Diario "Correo" sobre Rodolfo Hinostroza



Reproducimos la nota que publicara Carlos M. Sotomayor en el Diario Correo el día 07/09/2009, sobre el poeta Rodolfo Hinostroza.


Encuentro con el poeta


La primera vez que lo vi, no supe bien de quién se trataba. Yo era aún un adolescente, ensimismado entre libros y canciones, y aquel era, en ese preciso momento, tan sólo un individuo con el que me crucé en mi rauda salida de casa. Y quien se ofreció, muy gentilmente, a darme un "aventón" en su nada poético Volkswagen escarabajo de color naranja.


Me enteraría, horas después, que aquel amigo de mi padre, de estentórea voz y amable mirada, era el autor de un par de libros que yo, no hacía mucho, había devorado con el desbordante entusiasmo de mi caótico y desordenado apetito lector. Consejero del lobo y Contra Natura habían sido furtivamente sustraídos meses atrás de la biblioteca paterna y, junto a un walkman, unos casetes de Sui Géneris y algunos otros libros más, habían hallado cobijo en mi mochila de joven errante. Muchos poemas se volvieron, en mi caso, memorables. Gambito de rey, por ejemplo, de donde se desprenden estos versos: "Supuse que volviendo/ agradaría a todos si es que hablaba de amor y alegría/ aunque malditas las ganas que me quedaban, pero aquí huyen/ del melancólico como del apestado en el S. XIV".


La segunda vez, no solo sabía ya quién era: acababa de leer, casi desaforadamente, Fata morgana, una novela suya que estaba por publicarse y cuya carátula había sido diseñada por mi padre. Una estupenda novela signada por el psicoanálisis.


Rodolfo Hinostroza está próximo a cumplir setenta años (en el 2011) y el joven poeta y editor Víctor Ruiz (de Lustra editores) ha tenido la plausible idea de reunir y publicar su obra completa: que es vasta y de reconocida calidad. Su poesía, de brillante y complejo tejido verbal, no solo se reduce a sus celebrados primeros poemarios: hay que añadir Memorial de Casa Grande y Nudo Borromeo y otros poemas. Su prosa, por otro lado, también ostenta un altísimo nivel. No sólo por novelas como Aprendizaje de la limpieza y Fata morgana, que he leído con fruición, sino también por sus cuentos, que han sido reunidos en el primer volumen de sus obras completas.


Han pasado muchos años desde aquella primera vez. Y, sin embargo, no puedo evitar, en cada nuevo encuentro, rememorar aquellas escenas primigenias. De la misma manera que me resultan inolvidables muchos de sus versos.


(Crédito de la fotografía:

Nudo Borromeo y otros poemas perdidos y encontrados de Rodolfo Hinostroza en nota de El Comercio


Reproducimos aquí, la nota que publicara José Carlos Yrigoyen en la sección El Dominical del Diario El Comercio el día 04/05/2008, sobre el poemario Nudo Borromeo y otros poemas perdidos y encontrados de Rodolfo Hinostroza.


POESÍA
Libros perdidos e imposibles

A finales de la década del ochenta la editorial Mosca Azul publicó la poesía completa de Rodolfo Hinostroza (Lima, 1941), reuniendo no solo los celebrados Consejero del Lobo (1965) y Contra natura (1971), sino también una serie de poemas inéditos y recogidos en revistas, la mayoría de ellas inaccesibles para el lector peruano. Fue así como sus seguidores pudieron por primera vez encontrarse con una región prácticamente desconocida de su obra, consistente en todos los poemas escritos entre sus dos libros capitales y los textos trabajados a lo largo de los años setenta y mediados de los ochenta. La impresión generada por la lectura de estos poemas era que no tenían deuda alguna frente a los que ya habían consagrado a Hinostroza como una de nuestras principales voces y que incluso en algunos casos, como el del magnífico Nudo Borromeo, la capacidad y el talento del poeta alcanzaban cumbres insospechadas que lo situaban varios pasos delante de cualquier colega de su generación.

Con la edición de Mosca Azul fuera de circulación hace más de una década, la publicación de Nudo Borromeo y otros poemas era más que necesaria. No solo porque pone a disposición un buen número de textos inhallables para las nuevas camadas de lectores de poesía peruana, sino también porque en esta oportunidad se presentan estos poemas reencontrados con mayor cuidado y sin las erratas de la compilación anterior. En cuanto a los textos reunidos no hay mayores sorpresas. Son pocas las nuevas adiciones, entre las que destaca de lejos El que regresa, uno de los primeros poemas que escribió Hinostroza y que es testimonio de una trayectoria volcada desde sus inicios a la experimentación y al riesgo constante, a la exploración de nuevos territorios, llevado de la mano por ciertas lecturas formativas que reinventó y convirtió en suyas e intransferibles. En cuanto a las demás novedades, se tratan de poemas posteriores a 1984 y no recogidos en su obra completa. Son quizá lo menos interesante que Hinostroza ha publicado hasta hoy, con la sola excepción del sugestivo Para un falso equinoccio.

El gran acierto de Nudo Borromeo y otros poemas es, sin duda, la manera en que Hinostroza ha planteado su lectura. No se ha contentado con presentarnos un puñado de poemas salvados de aquí y de allá, sino revelarnos con ayuda de estas evidencias y restos la historia secreta detrás de sus grandes libros. El largo prólogo en el que detalla la concepción, elaboración y pérdida de cada uno de los poemas rescatados es también la fascinante historia de su evolución lírica: el recuento de los libros que nunca cuajaron (como el misterioso Ejercicio de Mando, que debió ser el que siguiera a Consejero del Lobo) o los que se perdieron físicamente casi en su integridad (como el caso de Tarot, un conjunto que de haberse concluido sería quizá su obra maestra), de los poemas ocasionales que pudieron ser la semilla de otros vastos proyectos pero que las circunstancias o la fiera autocrítica no permitieron continuar.

El prólogo, además, funciona como una formidable guía para releer en su contexto los poemas de formación y comprender las motivaciones por los que surgieron sus poemas sueltos de madurez -los que siguieron a Contra natura-, así como para conocer algunos detalles imprescindibles para cualquier iniciado en la obra hinostroziana, como la conexión de Aprendizaje de la Limpieza (1978), su libro sobre la experiencia en el psicoanálisis, con Escena Prima o Paisaje con infante, una de sus más poderosas creaciones, cuyos versos laceran la memoria y se instalan en ella con la fuerza de las canciones con las que hemos crecido ("Una navaja Barlow, una fría constelación / tiras la cabeza hacia atrás / los cabellos de Absalón se enredan en los olmos / la atroz carrera ha terminado").

Con este, su cuarto libro de poesía, Hinostroza ata los pocos cabos sueltos de una obra que, hoy podemos comprobarlo, no se ha visto mellada en modo alguno por el paso del tiempo. Un libro que, más que un complemento accesorio de su obra canónica, es parte, tan valiosa como integral, de esta.

(escrito por José Carlos Yrigoyen)


(Crédito de la nota: Diario El Comercio, publicada el día 04/05/2008)

Nota sobre Nudo Borromeo y otros poemas perdidos y contrados de Rodolfo Hinostroza

Reproducimos aquí, un extracto de una nota publicada en el blog Ginebra Magnolia por Reinhard Huamán Mori, en la Revista Guaraguao Nº 28, 2008.


Poemas perdidos y encontrados

En 2006, Rodolfo Hinostroza vuelve a sorprendernos con un nuevo título: Nudo Borromeo y otros poemas. Este libro reúne antiguos escritos fechados en diferentes épocas de la vida del autor que fueron publicados en varias antologías y revistas. Sin embargo, no todos los textos de esa edición se encuentran en Poesía completa, ya que faltan importantes poemas como Canción de la inglesa o Rito de purificación, este último seleccionado por el antólogo Leonidas Cevallos en Los nuevos, de 1967.

Según la psicología lacaniana, el término “nudo borromeo” hace referencia al enlace conformado por tres aros unidos entre sí, que representan los tres registros psíquicos del ser: lo real, lo imaginario y lo simbólico. Partiendo de este concepto, Hinostroza, cuya obra ha estado siempre influenciada por el psicoanálisis, compone Nudo Borromeo, en septiembre de 1980, poema en el que se advierte la eterna pugna del sujeto por aprehender la realidad. Esto es posible únicamente gracias a la escritura del poema, que va más allá de la ilusoria realidad cotidiana: “El sentido de la experiencia debe encontrarse allí / Y yo debo entonces perseverar en el poema / El Otro que yo he sido el Otro que estoy siendo / me debe ser designado en el poema”. En esta composición de largo aliento, la voz poética no tiene certeza de nada, todo se muestra dudoso y sospechoso: “Más acá del Edén donde no hay luz ni noche / Sino incredulidad en cada gesto / Como quien sobrevive sin saberlo / Y hay un valle que cierra el horizonte / Un río que la brisa acerca / Y una mujer desnuda en la terraza / Tomando el sol / Nada es real salvo Lo Real”.

Por otro lado, Poesía completa recoge aquellos poemas que formaron parte de diversos proyectos truncos del poeta. Tenemos, por ejemplo, La Papisa exaltada, El Colgado, El Papa en los rompeolas y Rueda de la Fortuna, pertenecientes a Tarot, libro que Hinostroza extravió en Francia. Además, se incluyen los relatos poéticos, escritos en la década del '60, antes de la publicación de Contra Natura, como Relato de Odiseo y Relato de Otelo. Asimismo, figuran en esta edición de Visor los poemas sueltos Crónica, Paisaje con infante, El que regresa, Escena prima, Adolescente que despierta, Con una camioneta llena de chicos somnolientos o Para llegar a Nazca, entre otros.

En suma, cada una de las composiciones recogidas en Poesía completa sirve al lector para hacerse una mejor idea del derrotero poético de Hinostroza, uno de los poetas vivos más importantes de Occidente. Así, tras un escueto prólogo de Fernando de Diego, podemos deleitarnos con la poesía del peruano, repasando los diversos registros escriturales que nos ofrece su obra: desde Consejero del lobo, con su discurso rebelde e idealista ante la crisis de los misiles en Cuba; pasando por Contra Natura y el desencanto ante el fracaso de la revolución y el derrumbe de las utopías sociales y políticas; hasta el autobiográfico y laudatorio Memorial de Casa Grande que, creemos, no será el último aullido de Rodolfo Hinostroza.


(Extracto de nota tomado de:

Nudo Borromeo y otros poemas perdidos y encontrados de Rodolfo Hinostroza



Título: Nudo Borromeo y otros poemas perdidos y encontrados .
Género: Poesía.
Autor: Rodolfo Hinostroza.

Editorial: Lustra editores.
Dimensión: 23 cms. x 14.5 cms.
Precio: S/. 30.00
Año: 2008
Número de paginas: 112
ISBN: 9789972257049



La obra poética del peruano Rodolfo Hinostroza, es sin duda una de las más interesantes y brillantes de la generación de poetas peruanos de la década del '60, ello unido a que dicho autor es uno de los pocos escritores peruanos con amplio registro (tal como César Vallejo o Jorge Eduardo Eielson), habiendo publicado Hinostroza tanto en poesía, como en cuento, novela, teatro, distintos artículos periodísticos, libros de cocina y de astrología. Este prolífico escritor, ha sido reconocido con significativos premios como el Premio internacional de poesía Maldoror (1971), el primer Premio del concurso internacional de cuento Juan Rulfo (1987) y la prestigiosa Beca Guggenheim en el presente año 2009; año en que además, fue el principal escritor homenajeado por la 14ava Feria Internacional del Libro de Lima.

Desde sus primeros poemarios: Consejero del Lobo (1965) y Contra Natura (1971), Hinostroza demostró inusuales dotes líricas para innovar e imprimir una visión globalizadora en la poética que plantea. Sería justamente por Contra Natura que recibiría el Premio Maldoror antes referido, por lo que dicho poemario es considerado unánimemente por la crítica, como una obra fundamental de la poesía hispana. Luego de aquel auspicioso ingreso en el ámbito poético, siguió un largo silencio en el que Hinostroza se dedicó al periodismo y a la exploración de otras vertientes literarias como el teatro, el cuento y la novela; y es recién en 1982, que nuevamente irrumpe con un poema-río que según la crítica especializada, es uno de los mejores de este tipo escritos en lengua castellana. Treinta y cuatro años después de la publicación de aquel último poemario, Hinostroza renovó su compromiso con la poesía, y publicó por el sello Lustra editores, su poemario Memorial de Casa Grande (2005), que marcó su regreso a la escena poética nacional y mundial.

El presente poemario: Nudo Borromeo y otros poemas perdidos y encontrados, reune en sí el poema homónimo, con otros poemas no menos notables. Nudo Borromeo, es un poema-río que en su momento fue aclamado y bien recibido por la crítica, un poema de talante excelente, en el que Hinostroza hace gala de una creatividad exquisita en el uso de la palabra y las imágenes, así como en la técnica utilizada, todo lo que sumerge al lector, de inicio a fin, en un interminable viaje por los tres registros del ser: lo real, lo imaginario y lo simbólico, lo cual concibió el poeta bajo la influencia del psicoanálisis y en particular, del pensamiento del reconocido psiquiatra francés Jacques Lacan. Por ello, la singular importancia del nombre del poema -Nudo Borromeo- para comprender el desarrollo del mismo, título que alude a la unión de tres aros entre sí (emblema de la familia noble italiana Borromi, quienes utilizaron dicho símbolo en su blasón familiar), formando una conjunción indisoluble, sin inicio ni fin. Precisamente Lacan, proponía que aquellos tres registros del ser, se unían bajo la forma de un Nudo Borromeo, o también llamado Nudo Borromi, y que al desanudar cualquiera de los tres aros enlazados, ello provocaría como consecuencia lógica, el desanudo de los otros dos.

Los demás poemas reunidos en este poemario, son aquellos que el poeta escribió entre los años 1963 y 2002, pero que jamás fueron parte de un nuevo libro. Se trata de poemas sueltos, que fueron publicados esporádicamente en revistas peruanas o extranjeras, y que jamás hallaron un lugar propio. Es así, que de la conjunción de estos poemas nace este cuarto poemario dentro de la carrera literaria de Rodolfo Hinostroza, quien además y para gusto del lector, incluye un interesante prólogo, en el que relata con lujo de detalles las múltiples vicisitudes que tuvo que pasar en distintas ciudades de Centroamérica y Europa, su relación con otros poetas notables y el cómo constantemente y como si fuera un signo de la actuación de fuerzas sobre humanas, distintos poemas eran perdidos y luego encontrados casualmente.
 

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